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El veto mutuo entre Podemos y Cs arriesga el cambio

Los nuevos partidos prometieron transversalidad y ahora deben cumplirla

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En campaña dialogaban: ahora se ponen vetos

Rajoy dice que no se va, que hay que echarlo, y las fuerzas que intentan impedir el cambio en España, a pesar de la abrumadora mayoría de escaños que poseen en el Congreso y del decidido voto que registraron en las urnas, apuran el riesgo para que no se cumpla. El veto mutuo entre Podemos y Ciudadanos, incomprensible en la ciudadanía o a nivel local y sorprendente entre dos de las fuerzas que más ayudan a frenar la corrupción en España, puede pasar factura: si el dogmatismo ideológico está por encima de las urgentes necesidades laborales, sociales y económicas de una sociedad que ni siquiera votando logra hacer realidad un simple cambio de Gobierno, la reacción contra los nuevos y viejos partidos puede ser hasta peligrosa. “Si este país vuelve a cansarse, mala cosa, porque detrás sólo viene decepción”, ha escrito el politólogo Juan Carlos Monedero, con quien no coincidimos en el último de sus brillantes análisis. Como no sintonizamos tampoco con quienes han intentado no solo apartarlo de la vida política sino de la civil con sus habituales malas mañas. En esto tampoco coincidimos con el relato social al uso y tenemos el propio. El mejor ideólogo de Podemos ha variado su posición inicial, más proclive a pasar a la Oposición o repetir elecciones, y eso es síntoma de que los dogmatismos partidistas no están por encima del sentido común: “Para que Podemos pueda cumplir la promesa de reinventar la democracia española, debe mantenerse en lo emergente y no distraerse cargando sobre sus espaldas responsabilidades que le corresponden a los partidos de la casta. Que allá entierren como Dios manda a sus muertos”, había escrito tras el 20-D. Monedero sugiere ahora que el cambio “solamente puede venir de la mano de un gobierno del PSOE, de Podemos y las confluencias y de Unidad Popular”. Es un avance. Queda por saber si suficiente o no.

En 2011 practicaba 3 horas semanales: no progresa

En 2011 practicaba 3 horas semanales: Rajoy no progresa

Las urnas decidieron sabiamente el 20-D y sorprende cada vez menos comprobar como los que viven salarialmente de ellas son los que más las desprecian. Si se repitieran las elecciones y el resultado fuera más o menos el mismo –como, por cierto, anticipan todas las encuestas y el latido público– habrá que pedir responsabilidades. No a Mariano Rajoy, cómodo en su interinidad, cuyos días abanicándose en la Moncloa apenas se diferencian de los anteriores en los que decía que trabajaba porque veía a España saliendo de la crisis. Que Santa Lucía le conserve la vista, pero no el poder. Lo hemos visto ante Cameron, incapaz de pronunciar la más mínima frase en inglés que un niño de primaria balbucearía, pese a las voceadas clases de idiomas que en 2011 dijo practicar con denuedo. “¿Por qué me voy a ir?”, se pregunta con la cínica pachorra que le caracteriza. Y tiene razón, porque el mensaje es claro:  Franco murió en la cama y solo después de muerto los españoles apostaron abrumadoramente por el cambio democrático. Engañados, esquilmados, exiliados cuando no fusilados durante siglos por aquellos mismos que decían querer salvarlos, la fina pituitaria popular muy pocas veces falla. Por eso sabe que si la prioridad número 1 que es echar al PP del poder no se cumple con esta clarísima e irreversible composición electoral… es que Rajoy tiene razón: es preferible la pregonada corrupción de los hunos que la imbecilidad o idiocia dogmática de los otros.

albert-rivera-pablo-iglesias-conversan-antes-del-debate-1445106926948“Espía en el Congreso”, tras intensos debates internos y sabedor de la pluralidad de sus lector@s y seguidor@s, tanto ideológica como territorial, así como de su desmesurada influencia como blog político –este viernes un diario del régimen nos obsequiaba con su portada para intentar desacreditarnos con una noticia vieja y manipulada– no va a decantarse por ninguna de las opciones de cambio porque nos gustan todas: el Gobierno PSOE-Podemos-Compromís-UP, el pacto PSOE-Podemos-Ciudadanos, y el concurso de otros partidos denigrados o despreciados por el sistema mediático de la Villa y Corte, como PNV, Coalición Canaria, Democracia i Llibertat, ERC o Bildu. Son los electores y no los periodistas ni los adversarios quienes deciden que grado de renovación le dan a sus viejos partidos o dirigentes y las urnas ya han hablado para los próximos 4 años. Con estos bueyes hay que arar. Muchos de ellos ya están gobernando conjuntamente importantes territorios y son numerosas las ciudades que están experimentando sensibles mejoras tras la defunción del bipartidismo: Palma, Alicante, Pamplona, Valladolid, Getafe, Santiago, Castellón, Vitoria, Toledo, Zamora, Pontevedra, Segovia, Ciudad Real, Huesca, Mérida, Lugo… No solo Madrid, Barcelona, Zaragoza, Coruña o Cádiz han sido ciudades pioneras que conforman la realidad de esa nueva España que ha salido de las urnas en 2015.

Sanchez-Iglesias-Rivera-satisfechos-Rajoy_EDIIMA20151130_0738_19Cualquier escenario de cambio de Gobierno es bueno para comenzar la recuperación vital de los millones de españoles que han sido arrojados al infierno del desempleo ante el impasible desdén de su jefe de Gobierno. Quien lo ha provocado no ha tenido la más mínima compasión ni ayuda, tan ocupado como estaba en tapar la corrupción de sus dirigentes o buscarles impunidad e inmunidad. Debe pagar por ello. Creemos también que la inteligencia política permite acuerdos de geometría continua y variable para la Investidura, el Gobierno y el Parlamento, y que el cambio constitucional y el inicio de un periodo constituyente es tan necesario como la urgente atención a quienes sufren la evidencia de que el trabajo es un bien escaso y hay que repartirlo. El conflicto territorial que España hereda del PP no es excusa, sabiendo además que es este partido quien lo bloquea en el Senado también por mandato de las urnas. Otra cosa es lo que ocurra cuando pase a la oposición. Lo relevante es no engañar: España –incluida Cataluña– no concilia el sueño pero no por un referendum sino porque no hay trabajo ni salarios dignos para quienes lo tienen. El espantapájaros le sirve al PP pero no a los hogares: debemos aceptar de una vez que ahogando a autónomos y pymes (80% del empleo en España) no se crea trabajo sino que se destruye. También que ganar hoy más de 60.000 euros anuales es una infamia, delictiva si es además desde el sector público. Y que la fiscalidad y la expansión pública fue lo que salvó a Estados Unidos en el “crack” del 29, como no se cansan de repetir los economistas más lúcidos que se ven tan horrorizados e impotentes ante esa merkelizada Europa que tanto gusta a Rajoy.

rivera-sanchez-iglesiasTambién es urgente que todos los bancos y grandes empresas rescatadas con dinero público devuelvan el dinero y paguen más impuestos, que toda la economía de ruleta que anida en el IBEX-35 tribute más por sus operaciones y beneficios, que todos los ladrones que han quebrado cajas de ahorro para hacerse multimillonarios con sus “indemnizaciones” o que hayan decidido faraónicas e inservibles obras públicas para engrasar sus puertas giratorias, sus enchufes o sus cuentas corrientes, paguen por ello. La independencia judicial y de los órganos reguladores y la Comisión contra la Corrupción que con carácter estable va a instaurar el nuevo Congreso son también iniciativas que merecen el aplauso ciudadano. Pero sobre todo no hay que olvidar la primera e impedir que los árboles no nos dejen ver el bosque: debe producirse un cambio de Gobierno y el presidente debe ser Pedro Sánchez porque así lo han querido las urnas, no porque nos guste más o menos o desconozcamos el partido por el que se presentaba. Las fuerzas deben respetar exquisitamente el criterio de proporcionalidad del futuro gabinete. Y si antes tocaba crítica, y muy acerada, ahora toca sosiego y lealtad.

Pedro-Sanchez-primera-contactos-investidura_EDIIMA20160203_0807_18El nuevo Ejecutivo, en un país con escasa tradición en coaliciones o pactos como rigen en el resto de Europa, es cuestión ya de ese encaje de bolillos de quienes lo negocian y debemos darles margen y paciencia para ello. Sabemos las presiones que todas las formaciones tienen para impedir los Gobiernos de cambio, como también que las ya famosas “líneas rojas” se esgrimen como zancadillas internas. Pero no nos gustan los vetos, porque ni existen en la sociedad civil española, ya muy escaldada por los paladines de la ortodoxia, ni translucen tolerancia o respeto, como sí han entendido IU o Compromís. La transversalidad se está imponiendo cada vez más en todo el mundo y no son las periclitadas ideologías del siglo XX el nuevo eje de debate en hogares y familias, sino conceptos más modernos como nuevo/viejo, digital/analógico, élite (casta)/redes, cambio/inmovilidad, etc…

635901201144247533w-1-724x481Investigadores sociales como Víctor Sampedro y Josep Lobera ya advirtieron en sus estudios la “fuerte transversalidad” en las críticas “al modelo político heredado de la Transición”, pues observaron claramente que los más críticos con el funcionamiento político derribado en las urnas y los proclives a nuevas propuestas políticas “eran mayoría en todos los sectores de la población, ya se haga la criba por grupos de edad, sexo, estado laboral, hábitat e, incluso, ideología política”. Para los degustadores de la ciencia política, “Espía en el Congreso” ofrece también en el apartado de “Fuentes” textos que estimamos igualmente luminosos de Giselle Davis Toledo, Manuel Jiménez Sánchez, Patricia García Espín, Francisco Fernández Buey, Andreu Casero Ripollés, Michael Schenk y Uwe Pfenning sobre la generación de recambio político, la sociedad civil y las nuevas reglas mediáticas que establecen las redes sociales en la conformación de la nueva opinión pública.

14451643330135Más didáctico y divulgativo fue el periodista Jordi Evole, que logró reunir a Pablo Iglesias y Albert Rivera, como otros pudieron incluso organizar un debate a tres entre Pedro Sánchez y ambos. Nada hacía presuponer que tras vencer en las urnas ahora su acuerdo fuera imposible, salvo que su participación en aquellos programas fueran otra mentira más de la vieja política a la que tan mal nos hemos acostumbrado. Dos no se pelean si uno no quiere, siempre hay un mínimo denominador común, la lealtad mutua es la primera regla y basar un acuerdo en una estrategia de mentira es desconocer que ésta tiene las patas muy cortas. Y más ahora, en la abierta sociedad digital cuyo relato ya no realizan en exclusiva los oligopolios de opinión. Si así fuera, sepan sus protagonistas que combatiremos ese engaño con la misma inquina y saña con que señalamos la corrupción y que jamás perdonaremos a los autores de la frustración colectiva, el más grave delito que puede perpetrar un político en el ejercicio de su, siempre eventual, cargo representativo.

Fuentes:

Giselle Davis Toledo: La generación de recambio político y la nueva sociedad civil

Manuel Jiménez Sánchez y Patricia García Espín: Los efectos de los procesos participativos en la sociedad civil: la opinión de los expertos

Francisco Fernández Buey: “Cuarto Poder” Y Democracia Mediática
Michael Schenk y Uwe Pfenning: Comunicación Política Masiva: ¿Efecto a pesar de poca participación?. Nuevas Estrategias de Persuasión

Andreu Casero Ripollés: Modelos de relación entre periodistas y políticos: La perspectiva de la negociación constante

El control político de la información periodística

Juan Carlos Monedero: La cobardía del PSOE, responsabilidad exclusiva del PSOEJuan Carlos Monedero: Después de las elecciones, elegir audacia


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