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España recobra la memoria de ayer y de hoy: imagen del 18-J en Madrid.

España recobra la memoria de ayer y de hoy: 18-J en Madrid.

El día que se reescriba la historia de los últimos años de este régimen que asfixió y empobreció a los españoles habrá que rendir un homenaje a los cientos de miles de manifestantes del 15-M, 25-S y 23-F que lograron las concentraciones más multitudinarias de la historia reciente de España. Pero también a los del 18-J, que volvieron a darle la vuelta ayer a una fecha histórica para encabezar una nueva protesta más contra la partitocracia y la «casta» que dirige hoy las riendas del Estado. Porque resultó significativo que aunque fuera ante la sede del PP, el PSOE y los demás partidos recibieran tantas o más críticas que Rajoy, verdadera diana del cabreo ciudadano.

Madrid se echó ayer espontánea y masivamente a la calle para seguir la convocatoria del 15.M, que fue secundada en muchas ciudades españolas. La calle Génova, donde se ubica la sede del Partido Popular (PP), fue cortada pero no por los miles de manifestantes sino por la Delegación del Gobierno, que ordenó a la  policía impedir el derecho de manifestación frente a las oficinas del partido que sustenta al gabinete. Para ello, encajonó a los ciudadanos en el trecho que llegaba hasta la Plaza de Alonso Martínez, desplegó un masivo cordón policial para limitar los accesos o intimidarlos y finalmente ejerció de nuevo la brutalidad policial al final de las concentraciones, lo que hizo que los helicópteros policiales sobrevolaran el cielo madrileño hasta bien entrada la noche, a pesar de que las protestas fueron masivamente pacíficas.

18-J: Bárcenas y Filesa: miles de manifestantes se unen contra la partitocracia

18-J: Bárcenas y Filesa: miles de manifestantes se unen contra la partitocracia

Los carteles de los que se manifestaban frente a Génova 13 no dejaban lugar a dudas: PP y PSOE son los dos partidos políticos que los ciudadanos perciben como responsables del latrocinio y el caos laboral y económico que vive España. Junto con CiU en Cataluña, sorprendida por los jueces independientes con las mismas artimañas, ambas formaciones han aupado a la cúspide de la oligocracia española a una «casta» que, en medio de una amoralidad sin precedentes, ha hecho de la mentira y la dependencia al erario público una forma de vida: el último ha sido el mismísimo presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, que ocultó su militancia política a los senadores que supuestamente lo chequearon previamente. Su caso no es, desgraciadamente, una excepción.

Es parecido al de Carlos Dívar, presidente del Tribunal Supremo, que también falsificó sus viajes privados para hacerlos pasar como laborales y ahora ha tenido que devolver el dinero. No es tampoco diferente al del presidente del Senado, Pío García Escudero, que tuvo que reconocer avergonzado ante un juez que no declaró un «préstamo» del PP, como tampoco lo hizo la cúpula de este partido con los «sobresueldos» que les entregaba su tesorero, Luis Bárcenas, ahora desvelados ante la Justicia. Hoy son sus cuentas suizas, pero ayer eran las del socialista Guillermo Galeote, artífice de Filesa que salió impune, mientras el PSOE encumbraba al senador Josep María Sala, condenado por corrupción, y cargaba contra ese heroico juez llamado Marino Barbero, que visto con los ojos de hoy, merece un homenaje de la sociedad española honrada. La actitud tan poco ejemplarizante la encabeza el mismísimo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que fue el primero en recibirlos, de ahí su silencio y complicidad durante tantos meses. Un historial de opacidad en los Registros de la Propiedad que supuestamente regentaba pero que con toda seguridad cobraba le persigue, aunque ningún partido político le haya pedido cuentas.

Carteles hasta en inglés contra Rajoy: ya preocupa fuera su conocida inacción

Carteles en inglés contra Rajoy: ya preocupa fuera su conocida inacción: «Out Rajoy, our shame» (nuestra vergüenza)

Hoy, cuatro bancos de inversión aseguran que la conocida inacción de Rajoy ante los innumerables problemas que sufre España es la principal lacra del sistema y nos consta que numerosos inversores y financieros de todo el mundo están recalando en Madrid, alarmados por lo que ya empieza a denominarse como «burbuja de la deuda española». A pesar de que la población lo ha expresado contundentemente en las encuestas, las Autonomías ya no gozan del favor popular y, endeudadas hasta el infinito y de forma creciente, se les niega el crédito en los mercados internacionales. España no puede permitirse por más tiempo este triple y hasta cuádruple sistema de gestión política (doble nacional de Congreso y Senado, autonómico y doble local, sin contar el europeo), pero ahí está Rajoy financiando con deuda futura lo que a todas luces los mercados niegan desde hace ya demasiados meses. Mantener el actual sistema autonómico clientelar hundirá España, porque es el mismo que desde el PP periférico sostiene a Rajoy en su cargo.

Han sido cuatro décadas del asalto a la sociedad civil por parte de partidos y sindicatos dependientes del Estado, que han convertido la mediocridad política en signo de distinción para la gestión pública, recluyendo en las mazmorras del exilio laboral y hasta del paro o la precarización a los mejores y suprimiendo el prestigio y la meritocracia. Creyendo el ladrón que todos son de su misma condición, han querido convencer a los ciudadanos de que sus constantes y continuados actos de inmoralidad, ocultación y saqueo de fondos públicos que han quebrado un próspero país eran secundados, cuando no comprendidos por la ciudadanía. Para ello han contado con una amplia red de medios de comunicación «oficiales» que también se está desmoronando gracias a internet. Algún día, los que durante estos 40 años han estado en la cúspide de España y la han llevado al desastre, tendrán que responder -con la fiscalización detallada de sus IRPFs– sobre sus patrimonios e ingresos, junto al de sus familiares y allegados. Es lo que algunos economistas e intelectuales han denominado como «transparencia, reparación y confiscación», una idea que pretende incorporarse al «programa de mínimos» que la oposición al régimen reclama para poder regenerar el país, exigir responsabilidades a sus anteriores gobernantes e iniciar el camino de la reconstrucción nacional.

Los ciudadanos exigen unidad frente al régimen

Los ciudadanos exigen unidad frente al régimen

En Italia, el Movimiento 5 Estrellas ganó las elecciones con 8,6 millones de votos, pero no puede gobernar porque el «sistema electoral»  de la partitocracia se lo impide. Es el mismo sistema que el PSOE posee a nivel interno y que impide presentarse a candidatos que no posean «avales» previos, lo que ha encumbrado en Andalucía a una nueva, desconocida y mediocre miembro del «aparato» sin ni siquiera abrir las urnas. Un sistema censitario, parecido al de la Edad Media, que al igual que en las Universidades y otras instituciones públicas, impide el principio universal de representación democrática basado en «una persona, un voto». De ahí el célebre «No nos representan» que se corea en las calles de España cada vez que se protesta contra el régimen. Por eso, tras el éxito de las manifestaciones del 18-J en Madrid y en las ciudades que lo secundaron, la máxima urgencia es un programa de mínimos que aglutine a todas las fuerzas sociales ante las próximas elecciones al Parlamento Europeo. Más de 11 millones de votos que han abandonado a la partitocracia lo reclaman.


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