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Alfonso Guerra no quería despedirse junto al empresario Arturo Fernández (CEIM) pero el destino lo ha querido así

Alfonso Guerra no quería despedirse junto al empresario Arturo Fernández (CEIM) pero el destino lo ha querido así

El cruel destino ha querido que el diputado socialista Alfonso Guerra anuncie su despedida junto al empresario monárquico arruinado y acusado de corrupción, Arturo Fernández (CEIM) y el ex-jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno, usuario de las tarjetas «black» y jubilado de oro. Pero Guerra lo ha hecho con una de sus típicas bravuconadas: “No está mal, ya me puedo ir, llevo 50 años cotizando a la Seguridad Social; algo que ustedes no conseguirán lamentablemente, tal como están las cosas”. Este fue su comentario, tan prosaico, a los informadores del Congreso, sin acritud. «Uno de los grandes de la política», señala «El País» por la pluma de Joaquin Prieto. Y remacha:  «Siempre supo encender a los auditorios con su oratoria y, desde luego, no se le ha olvidado cómo hacerlo a los 74 años».  Y su compañera, la periodista Anabel Díez, admiradora del personaje, advierte: «No se va del todo, porque mantendrá la presidencia de la Fundación Pablo Iglesias«, algo que al parecer le ha garantizado Pedro Sánchez.

Las despedidas de Guerra siempre fueron muy cariñosas

Las despedidas de Guerra siempre fueron muy cariñosas

«En mi nombre y en el del pleno quiero agradecer el magnífico trabajo que ha llevado a cabo la Comisión de Presupuestos y especialmente su presidente, Alfonso Guerra. Ha sido un honor compartir escaño con su señoría», ha dicho Jesús Posada (PP), presidente del Congreso, entre los unánimes aplausos de la inmensa mayoría de sus señorías, sin distinción de colores políticos. Revelador. No está mal la despedida para alguien que, según la periodista Elsa Vejo, solo iba al hemiciclo a dormitar: «La web de Parlamento no recoge apenas actividad parlamentaria del socialista: una pregunta oral en la legislatura constituyente (1977-1979) y 21 en la primera (1979-1982). Actualmente es presidente de la Comisión de Presupuestos y vocal de la Comisión y desde 1982, el Congreso no recoge ninguna iniciativa parlamentaria suya. Cobra más de 6000 euros al mes«. Eso significa que llevaba 32 años sin abrir la boca ni subir a la tribuna, solo pulsando el botón de las votaciones.

A Alfonso Guerra siempre le gustaron las chicas jovenes: María Jesús tenía 25 y el 43

A Alfonso Guerra siempre le gustaron las chicas jóvenes: María Jesús tenía 25 y él 43 cuando la embarazó

Con su ya célebre mal estilo y a modo de despedida, Guerra ha concedido una entrevista a la Cadena SER en la que ha pedido que los viajes de los diputados a lugares distintos a la ciudad donde viven figuren en un registro y ha dicho que “menos mal que no se mudó a Colombia” la persona a la que iba a ver Monago a Canarias, porque la “factura hubiera sido terrible”. En plena polémica por los gastos del presidente extremeño con cargo al Senado, el parlamentario socialista ha subrayado que “teóricamente” los diputados tienen derecho al “pago del viaje de su ciudad de origen, en la que están viviendo, a Madrid, y que el “problema es cuando alguien hace 32 viajes a las islas para ver a una persona” y, por lo tanto, eso “tiene que figurar” en un registro público.

Los hermanos Guerra, con gafas negras

Los hermanos Guerra, con gafas negras

Alfonso Guerra fue un dirigente que, además de sus escándalos de corrupción sobre todo por el «caso Juan Guerra» (cuando empleó a su hermano en la Delegación del Gobierno en Sevilla y desde allí se dedicó a realizar trabajos «sucios» y a enriquecerse), nunca trabajó en actividad distinta a la política. Solo dirigió teatro universitario aficionado y regentó la librería de José María Rodríguez Buzón y Carmen Reina, aunque él se atribuyera la propiedad ante los medios con fines políticos y publicitarios). Por ello, pronto se hizo más famoso por sus conocidas aventuras extramatrimoniales que por su formación cultural, según recordaba la periodista Silvia Viqueira:

Las mujeres guapas siempre fueron la debilidad de Alfonso Guerra

Las mujeres guapas siempre fueron la debilidad de Alfonso Guerra

«Nunca encontré la erótica del poder». Sorprendente frase de Alfonso Guerra de hace escasos meses. Siendo vicepresidente del Gobierno, con 40 años y casado con Carmen Reina, madre de su hijo mayor, «Pincho«, saltó a los medios el notición de su íntima amistad con una joven bien sevillana, María Jesús Llorente, estudiante de Bellas Artes en Roma. Se desmintió por activa y pasiva, algunos medios insistieron, los fotografiaron (ella con una falda Versace de medio millón) y destaparon el romance. Alma, nacida en la capital italiana en 1984, llevó el apellido Guerra». Entre medias, una periodista madrileña y otra sevillana gozaron de su más estrecha amistad y ambas prometen contarlo solo en sus memorias.

 

"El Canijo", cuando llegó al poder en 1982

«El Canijo», cuando llegó al poder en 1982

El periodista Enrique Clemente describió «la relación extramarital que mantuvo Alfonso Guerra con María Jesús Llorente mientras estaba casado con Carmen Reina, con cada una de las cuales tuvo un hijo, Pincho y Alma«. Y es que, de hecho, a pesar de ser conocido con el sobrenombre de «el canijo«, Alfonso Guerra siempre aprovechó el poder para suplir las carencias con que la naturaleza le había castigado. «Las fiestas de Felipe y Alfonso se celebraban en casa de un periodista de Madrid y las organizaba un socialista vasco que también era joven: Txiki Benegas. Hoy es un orondo y excelentísimo señor pasado de peso, pero entonces se veía a un simpático progresista de ojos azules, pelo ensortijado y ligeramente rubio, cuyas gafas a lo John Lennon y su fino olfato e inteligencia le hacían enormemente atractivo entre las féminas del Congreso, sobre todo periodistas. Sus fans llegaron a agruparse en una célebre tertulia que era conocida como «Las Txikas de Txiki», recuerda un cronista parlamentario.

Con Cándido Méndez y Fdez Viila, el sindicalista minero corrupto

Con Cándido Méndez y Fdez Viila, el sindicalista minero corrupto

«Esas fiestas donde aparecían por sorpresa «el Gitano» y «el Canijo» como fulgurantes estrellas de rock se celebraban en casa de ese periodista militante afín, en la calle de María de Molina, y a ellas acudían varias cronistas parlamentarias que simpatizaban con la causa. Pero había muchas más. Hoy son todas acreditadas profesionales en su ámbito, señoras de postín que fueron pioneras del periodismo político contemporáneo. Forjaron su independencia como profesionales y como mujeres con su esfuerzo solitario y tenaz, pero entonces su juventud y osadía sólo era un arma más para hacer valer sus encantos. Sus cuerpos y no sólo su pluma eran apetecidos por los políticos en ciernes y de aquellas legendarias fiestas que organizaba Txiki en casa de Germán, posteriormente emparejado con la actriz Victoria Vera, icono sexual y erótico de la Transición, se conocen algunos pelos y señales. Y de aquellos polvos devinieron estos lodos: ni uno solo de sus asistentes quedó fuera del poder político, económico o mediático que se les venía encima», rememora esta fuente.

Manuel Vicent:

Manuel Vicent: «un famoso dirigente socialista le metió la lengua hasta la campanilla a una reportera»

Nadie, nunca, ha osado transcribir sus nombres, cuando todo periodista que tenga más de cuarenta y cinco años las conoce tanto como sus apellidos y se sonríe cuando las ve asomar ahora bajo diferentes disfraces y denominaciones. Quien más se acercó a describirlas fue el escritor Manuel Vicent, que en aquella época era cronista parlamentario: «Algunos diputados comenzaron a ligar con las jóvenes periodistas de la tribuna de prensa. Sólo se salvó Pilar Narvión, ya entrada en edad, que ejercía de clueca amorosa y comprensiva entre aquella abierta, feliz e inteligente camada femenina de cronistas parlamentarias. En el Café Gijón lleno de humo y repleto de testigos se pudo contemplar a las ocho de la tarde a un famoso dirigente socialista metiéndole la lengua hasta la campanilla a una reportera, su nueva novia, que con el tiempo sería una novelista de éxito, una escena que no produjo ningún escándalo porque parecía que el mundo siempre se iba a acabar el próximo fin de semana en aquella fiebre del sábado noche que bailaba Travolta y cantaban los Bee Gees».

 

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Alfonso Guerra dice que se despide tras haber cotizado 50 años con sueldos públicos ¿es partidario de que las pensiones de los políticos se rebajen al salario mínimo como medida de ejemplaridad?

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Fuentes

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