“Blesaleaks: Las deudas de periodistas y medios con el banquero del régimen” es otro libro de la Biblioteca Blesaleaks que ofrecemos a nuestros lectores para su plácida lectura veraniega. En él figuran más de 60 páginas con los correos electrónicos corporativos más interesantes que enviaba o recibía Miguel Blesa en relación con los principales periodistas y medios oficiales del país. Con ellos aflora otra de las causas de la bancarrota de Caja Madrid y posteriormente Bankia: los lazos económicos, fraternales, comerciales y de interés que le unían a conocidos personajes del panorama mediático español, sobre todo relacionados con medios tradicionales y cercanos al régimen. Blesa los financiaba de manera subterránea hasta el punto de que Rafael Spottorno, el miembro de la Casa Real que se ocupaba de la gestión de la Fundación Caja Madrid, se quejó: “Estamos poco a poco transfiriendo, por intermedio de la Fundación Dos de Mayo, recursos de la Fundación Caja Madrid a determinados grupos de medios de comunicación y muy destacadamente a Unidad Editorial”. No era el único grupo beneficiado: Grupo Prisa, Grupo Libertad Digital, Vocento o Kiss FM, entre otros medios y periodistas, salen en los emails. También ofrecemos otro libro: «Así clasificaba y compraba Blesa a los medios y periodistas«, un documento interno de otras 60 páginas que manejaba el banquero sobre más de un centenar de medios de comunicación a los que compraba espacio para publicidad, así como informes específicos sobre medios y periodistas. Su gabinete de comunicación les había puesto la lupa según fuera su relación «favorable» o «positiva», neutral o «desfavorable» y «negativa» frente a Blesa, todos con sus nombres y apellidos y dinero recibido acompañado con un relato con valoraciones sobre los mismos.
El libro tiene cuatro capítulos y en el primero se desvelan los correos electrónicos que dejan en evidencia el control que el propio Blesa ejercía sobre la comunicación de la entidad bancaria, pues el periodista Juan Astorqui, jefe de comunicación de Caja Madrid, le consultaba prácticamente todo. Unidad Editorial (El Mundo), Vocento (ABC), El Economista (que Blesa consideraba hostil y a su propio consejero Estanislao Rodríguez Ponga como un “topo” del periódico en la Caja) y Libertad Digital (Alberto Recarte), son los principales protagonistas de este capítulo.
En la segunda parte de este volumen se aborda la faraónica compra de un BMW que Blesa adquirió por más de medio millón de euros con fondos de la entidad bancaria. La repercusión del tratamiento mediático de la noticia en el seno de Caja Madrid, su previa filtración y como el banquero se encorajina con la cuestión es también motivo de interés, por lo que puede ser un claro abuso de los fondos de los impositores de una entidad que terminó en la bancarrota.
El capítulo 3 describe los favores, elogios, encuentros y deudas de algunos periodistas y medios de comunicación tradicionales con Blesa, al igual que el capítulo 4 desvela la desesperación de Blesa cuando ya el viento le sopla de frente, navega contracorriente, las cosas se le tuercen y empiezan a ponérsele feas porque las cañas se le tornan lanzas: “¿Tan poca credibilidad tenemos para no convencer a nadie de nada?”, llega a exclamar agriamente a uno de sus subordinados en otro email.
La relación de “tira y afloja” que mantiene con los medios oficiales es muy diferente: las noticias críticas de El País contra los astronómicos sueldos que se había impuesto el consejero de IU, Moral Santín, las inteligentes loas y adulaciones de Miguel Angel Aguilar, el “favor” que le pide Jesús Cacho para un amigo –y que sorprende en periodista de tan acreditada solvencia– o las “fichas” de periodistas que le hace llegar el Grupo Crónica son tan interesantes como las deudas del humorista televisivo José Luis Moreno, las prórrogas bancarias de las que goza la inmensa deuda del Grupo Prisa, los privilegios de Kiss FM o los almuerzos con Casimiro García ¿Abadillo? (hoy director de El Mundo).
Por último, el capítulo 5 revela como los correos electrónicos recogen la caída de Blesa tras una “cacería” mediática muy parecida a la que él mismo practicaba en los cotos de caza de medio mundo y cuyos detalles resultan muy reveladores. «Espía en el Congreso» irá difundiendo extractos de este libro para contribuir a la transparencia de los medios de comunicación en sus relaciones con los poderes del régimen. Y con ello el citado documento excepcional y exclusivo: «Así clasificaba Blesa a los periodistas«, el informe interno de otras 60 páginas que manejaba el banquero sobre más de un centenar de medios de comunicación a los que compraba publicidad y sobre 20 periodistas a los que su gabinete de comunicación examinaba para conocer su relación con la entidad.
Encuesta:
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que se pudra y no salga nunca de la carcel mafiosoooo !!!!!!!!!!!!!! no hay justicia suficiente para juzgar a esta gentuzaaa !!!!!!!!!!!!!!!!!
Esto es una corruptela que no hay por dónde cogerla….y los paganinis los de siempre….VERGUENZA DE DON PODER…
No terminamos de caer de un guindo y ya estamos en otro guindo periodístico ¡Viva la opinión pública!
Es igual, los voy a votar. ¡¡UNA MIERDA¡¡