En esta tercera y última entrega, el dramaturgo Fernando Arrabal revela en su carta dirigida al rey Juan Carlos que una pequeña élite política mediocre y corrupta se ha adueñado de España. Como en tiempos de Sócrates, siguen adorando el dinero, la ignorancia, los tópicos, la vulgaridad, el mal gusto, las nimiedades y las vaguedades, las falsas creencias ideológicas del siglo XX y los fanatismos periclitados en perjuicio de la ciencia o la tecnología. Y añade: “El gobierno desamortizador de una moderna nación, no dirigiría, ¡serviría! Vino a verme ayer el «sabio», y me dijo: «En verdad, los Estados el mal absoluto son. Asociaciones de individuos que sólo de acuerdo están para llamarse «Estados». Pandillas mafiosas… las más eficaces de la Historia. Consiguen dinero y servicios con chantajes de «padrinos». Tienen interés en provocar y prolongar conflictos «sociales» y terrorismos: refuerzan estos su poder y su prestigio. Si el impuesto es robo, los servicios obligatorios son avatares de esclavitud». Y responderle no supe. Dijo Gracián: «Razón de Estado, razón de establo».
En la carta al monarca, Arrabal afirma que “la peor inflación que sufren los Estados absolutistas no es económica, sino política. La primera es consecuencia de la segunda. Esta encuentra su sede en el gigantismo de las instituciones. Es decir, en su inmoralidad. El contribuyente costea opulencias gubernamentales, exuberancias estatales, abundancia de convites, prodigalidades de la corrupción y otros despilfarros faraónicos del desmesurado Estado. El primer acto de humilde gobierno sería desamortizar ministerios, mansiones y palacios de la administración intervencionista. Es inmoral que semejantes tesoros se guarden para uso y disfrute de los administradores”.
Desde “Espía en el Congreso” combatimos informativamente de manera feroz los abusos de la partitocracia ¿qué cree que les impulsa a ser tan despiadados en estos momentos tan difíciles para la mayoría?

Los políticos del régimen nunca han temido que los ciudadanos honestos y honrados le disputen la urna
– Todo adicto que ha militado en organizaciones de partido desde la base, derecho tiene a acceder al más alto escalón del Estado sin temer la concurrencia de ciudadanos inteligentes y honestos. Para el hombre político humilde, gobernar es hacer lo mejor posible, en el sentido moral del término. Pero los «ministrables» afiliados del partido intervencionista sólo son «chupacuotas», según la terminología ácrata.
Sorprende además la baja calidad no solo moral sino técnica, cultural o intelectual de los políticos del régimen, lo que se ha llamado el gobierno de los mediocres…
– Los hombres políticos de partido, sin poner ni quitar trozo alguno a sus convicciones, lo mismo sirven para una función ministerial que para misión diplomática. Se les puede llevar o traer. Con el mismo acierto dirigirán el Ministerio de Justicia que el de Agricultura o pasarán del uno al otro tan fácilmente como un doctor en Filosofía se transforma en cirujano del páncreas. Los gobernantes intervencionistas, la riqueza nacional regentan, consiguen hacer trabajar a los ciudadanos tres días por semana en beneficio de las administraciones y el erario nacional distribuyen mirando a lo antojadizo de sus convicciones. Un modesto Estado desamortizador no juzgará a sus detractores, ni necesarios poderes tendrá para condenar a nadie. De la Constitución no se servirá como de una trampa para elevar a la sociedad, o «al pueblo», por encima de la moral.
A los mediocres del régimen usted los llama “genéricos” porque no admiten atisbo de heterodoxia, originalidad, incorrección política, disidencia estatal…
– El poeta Meleto, tras poblar su frente de laureles, denunció a Sócrates como corruptor de la juventud y consiguió que a muerte fuera condenado. Con el vientre ya frío por el efecto de la cicuta, a Critón dijo sus palabras últimas y jocosas: «Debemos un gallo a Esculapio. No te olvides de pagar esta deuda». En verdad, Sócrates prefería ciencia a superstición, e Hipócrates a la «virgen-de-Lourdes» en la que los atenienses creían: “Esculapio, dios hijo de Apolo”. Sócrates frente a Meleto perdió: no era bastante «genérico». La Medicina, hoy, luciendo sigue en su escudo a «San» Esculapio. Dios al que Meleto y sus compatriotas obedientes ofrendas donaban en su altar -a menudo un gallo- para, por ejemplo, curarse de apendicitis. Gracias al «genérico lenguaje», sin orwelliana pesadilla alguna, con toda suavidad, hoy en nuestro país, mañana ya en nuestro continente, por fin en el mundo, alcanzaremos un mundo uniformizado. «Paraíso terrenal» en el que todos en concordia pensaremos de la misma manera, bajo la vigilancia del Estado intervencionista, veremos los mismos programas, leeremos las mismas revistas, elegiremos a los mismos dirigentes… Estos regímenes a las dictaduras demagógicas se asemejan. Sus mandamases “benefactores” son, repartiendo servicios «gratuitos».
De usted suelen decir que se le reconoce pero no se le conoce y aún menos se le lee porque escribe “raro” ¿está de acuerdo?
– ¿Cuando, al fin, se permitirá al disidente ignorar al gobierno, actuar como si el Estado no le concerniera? Por ahora, se tacha de iluminado al que esto pretende. Svidrigailov (Crimen y castigo) decía: “de acuerdo, esos fantasmas sólo aparecen a los iluminados. Esto prueba que sólo ellos pueden verlos, no que no existan».
Dostoiveski era otro genio, pero a veces estos sátrapas que se dicen “demócratas” son de todo menos tontos: el pícaro o pillo ascendido al poder del Estado…
– Stalin era hombre culto, lector de latín interesado por la ciencia, la filosofía, la biología. ¡Es tan frustrante que los tiranos no acumulen todos los vicios y taras! ¿Cómo encajar al Pol Pot apasionado, en la Sorbona, por filosofía, teatro, ¡mi teatro!, y música, con el Pol Pot asesino de un tercio de sus compatriotas?
¿Qué diferencias existen entre los dictadores y los “políticos” de Estado de este régimen?
– El ciudadano de bien actúa moralmente gracias a su reflexión y libertad. Las formas substanciales o convencionales de su comportamiento moral están emancipadas de discursos dogmáticos. La tutela política del Estado intervencionista le impide ser moral.
¿Como cree que se está desarrollando la educación en la Universidad española que, por las denuncias que nos llegan, es otro foco permanente de corrupción?
– La moralidad no es, como pretende el Estado intervencionista, un instante en el progreso de la Humanidad. No es una figura entre otras de una ética universal. La moderna sociedad, capaz de afrontar retos científicos, debe prescindir de tutelas gubernamentales. Un gobierno moderno y sin arrogancia se negará a manipular, por ejemplo, los faraónicos presupuestos de la «enseñanza superior» intervencionista. Chorro de gastos y despilfarros que amenaza con destruir la Universidad. Jóvenes estudiosos (y muy especialmente hijos de ministros) tuvieron que conseguir, para darse crédito y credits, un master en universidades extranjeras… ¡Cuánto dinero perdido a causa de orejeras ideológicas! Y, peor aún, ¡cuánto talento desperdiciado!
Desde “Espía en el Congreso” abogamos por la supresión de la sextuplicidad de las administraciones y políticos superfluos: ayuntamientos, diputaciones, autonomías, Congreso, Senado y ahora Parlamento Europeo. ¿Cual es su criterio?
– La humildad del gobernante del Estado inteligente, es decir, su modernidad, le impulsaría a vivir modestamente. Y no sólo porque es la única posibilidad de permanecer en contacto con el común de los mortales. La soberbia del Estado intervencionista se manifiesta por el derroche de denarios públicos. Esta sangría se incrementa a medida que crecen proyectos y planes. La corrupción es el resultado. El hombre moral, de lo superfluo no puede gozar cuando los demás lo necesario no tienen. Sin esperar reciprocidad alguna, el hombre de bien se siente responsable de las miserias y dolores de los demás.
¿Con qué palabras le dijo todo esto al rey Juan Carlos?
– “El poeta, Señor, quizá más que ningún otro ciudadano, traicionaría su vocación si al Estado no recordara la preeminencia de la exigencia moral. El Estado, Señor, postergar no puede la conciencia individual sin hundirse en la inmoralidad… de todas las corrupciones, madre. El hombre de bien, Señor, espera la apertura de un debate moral sobre el Estado de hoy. Bajo la presidencia de Su Majestad los mejores reflexionar deberían, Señor, sobre el desastre ético que el Estado origina”.
Por último, ¿como juzga la labor del «Espía en el Congreso»?
– Para muchos, defender la libertad de expresión se reduce a amparar las ideas que aprueban. Para los heterodoxos, el derecho a expresar ideas inhabituales es la esencia de la libertad. Lo más prudente y sencillo es defender la libertad de aquellos que no necesitan ser defendidos… porque piensan como los demás. A lo largo de tantas batallas en el tablero de la rebeldía, he ido observando que, como peoncito de a pie, el solitario heterodoxo vive los tres actos de la humana tragicomedia, que son al mismo tiempo las tres fases de la partida de ajedrez. En el primer acto (durante la apertura), a las ideas por el heterodoxo esgrimidas se las condena como absurdas, malévolas o interesadas. En el segundo acto (medio juego) se admiten estas ideas heterodoxas, pero solo como algo insignificante. Y por fin en el tercer acto (final de la partida), los denostadores de ayer reconocen las verdades del solitario heterodoxo y las reivindican… como descubrimientos propios, al tiempo que condenan definitivamente al precursor por «desfasado».
Encuesta:
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DE UN BLOG DE UPYD. (Esto nunca lo leerán en un blog del PP o del PSOE)
Matar policías es de izquierdas.
El pasado sábado volvió a ocurrir: un movimiento pacífico que reclamaba dignidad, infectado hasta el tuétano por esa metástasis que se llama Izquierda Unida.
Izquierda Unida, un cáncer para cualquier movimiento social de este país. Da igual si es una concentración espontánea de ciudadanos que ocupan una plaza, da igual si es una marea verde que reclama una educación pública y de calidad. Da igual si es una marea blanca que defiende una sanidad pública. Da igual. Infectan desde todos los estratos sociales cualquier atisbo de movimiento espontáneo ciudadano, plagando de banderas republicanas, de hoces, de martillos y de banderas de la Unión Soviética calles y plazas. Y lo hacen de manera cobarde, estando sin estar. Agitando sin aparecer. Con esa estrategia utilizada durante años por el PNV en el País Vasco de hacer que otro agite el árbol, para luego recoger ellos los frutos.
Desde los mal llamados ‘sindicatos de estudiantes’, desde asociaciones universitarias, desde cualquier organización juvenil, reúnen, organizan, transportan, proveen y azuzan a miles de jóvenes. Cultivan e inculcan la violencia. Raras veces se les oye hablar de ‘defensa de’. Siempre es ‘lucha contra’. La lucha. Esa palabra. El opresor. El fascista. El otro. Los míos, los de enfrente. La lucha. Contra todo y contra todos, sin plantear una alternativa creíble. Sólo palabrería, populismo, lucha.
Metafóricamente hablando, suministran la gasolina, la mecha y el manual de instrucciones, y cuando los cachorros hacen arder el cóctel, se sitúan en una miserable y cobarde equidistancia. No apoyan, pero no condenan. No lanzan piedras contra la policía, pero ayudan a difundir los ataques por las redes sociales.
Los Lara, Llamazares, Garzón y compañía, los que viven de la agitación, los que lanzan a la gente a la calle a luchar contra el sistema mientras succionan del sistema. Los que por la mañana se sientan en el escaño y por la tarde luchan. Los que llaman a la policía “violentos uniformados“, olvidando que la policía forma parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ese Estado al que pertenecen, del que forman parte y del que cobran. Esa policía que está para cumplir y hacer cumplir esas leyes que ellos votan desde el cómodo sillón y tras el cómodo aforamiento, gracias a esa Constitución que prometen ‘por imperativo legal’.
Miserables.
No hay otro calificativo para unas personas que defienden — a su estilo, sin decirlo pero sin negarlo — que la policía venezolana dispare balas reales y mate a manifestantes, mientras se llevan las manos a la cabeza cuando la policía española disuelve a manifestantes que no buscan otra cosa que hacer daño y destrozar mobiliario urbano, ante la indignación y hartazgo de quienes quieren manifestarse pacíficamente.
Izquierda y derecha, etiquetas del siglo pasado que sirven para esconderese cómodamente tras ellas y no tener que pensar mucho. De izquierdas se definen. De esa izquierda que lucha por un ideal, por una utopía, por un sistema idílico que, cuando se aplica, da como resultado una población empobrecida hasta el nivel de no poder ni limpiarse el culo.
Izquierda. La izquierda que se dirige a Madrid a luchar, pero pasa por Sevilla y ni siquiera gira la cabeza hacia el Palacio de San Telmo, sede de la Corrupción y Putrefacción Nacional, con un gobierno con exconsejeros en la cárcel, que se mantiene en el poder por el apoyo de los de la lucha, que se vendieron por una vicepresidencia. La izquierda que insulta a una juez porque hace su trabajo.
Miserables.
Porque sólo así se puede calificar a quienes aplauden — a su manera, una vez más, equidistantes, cobardes — a quienes apalean al personal del Samur para impedir que puedan tratar a un policía herido. “Dejadles morir”, gritaban. Matar policías es de izquierdas.
Miserables.
“: Carta oculta de Arrabal al rey: “El Estado lo forman pandillas mafiosas con chantajes de padrinos» http://t.co/ks6szutQ3h”
Y le fue a escribir una carta a Don VIto Corleone… cualquier día amanece con una cabeza de caballo en la cama.
La cultura de corrupción sistémica en España nace desde la jefatura del Estado franquistajuancarlista, que está expresamente situada por encima de la ley. Una descarada burla al concepto de Estado de Derecho, según el cual la ley impera sobre los poderosos, recogida blanco sobre negro en la constitución del régimen.
LOS ¿ ENGAÑOS ? DE TELÉFONO DE ALGUNOS PROGRAMAS QUE EMITE LA TELEVISIÓN VASCA
http://t.co/8Qe0Tq59HM
saludos
El lo expresa mejor que yo así que sobran las palabras.
Desgraciadamente, todo lo que dice este juez (Elpidio Silva) es la pura verdad. Cualquier persona consciente y decente sabe que es verdad. Hay que apoyar a este hombre, y no perder de vista que, hay mucha gente de dudosa condición moral intentando desprestigiarle y apartarle de la carrera y de la vida pública para que no hable de lo que todos sabemos: que estamos gobernados por psicópatas engreídos que son incapaces de tener un mínimo de decencia y empatía.
Ni un solo partido de la izquierda y la derecha se salva, todos ellos son corruptos, violentos, fascistas, extremistas, hipócritas, mentirosos, manipuladores, solo les interesa el poder y el dinero, son traidores por naturaleza, no cumplen lo que prometen, lo suyo son las comilonas, a costa del erario público, el alcohol, las drogas, las juegas, vivir como reyes a costa del ciudadano que paga impuestos que ellos despilfarran. España ha llegado a tal punto de corrupción que si no les paramos acabaremos mal. Si los ciudadanos no espabilan y votan con inteligencia estamos listos. Nuestros hijos y nietos no tendrán futuro si seguimos votando a los PPSOE. Personalmente creo que no nos podemos fiar de ninguno de los partidos que hay en la cámara, y que, ya es hora de que los ciudadanos votemos a los ciudadanos, no a los políticos, por eso pido el voto para RED y el juez Silva.