En esta España de delincuentes apoyados por políticos sin escrúpulos campan a sus anchas los dirigentes deportivos acusados primero y condenados después por sus delitos: José María del Nido (Sevilla C.F.), uno de los principales protagonistas del saqueo de Marbella, no es el único. Ahora incluso con desfachatez pide el indulto y vaticina que no entrará en la cárcel, pero en lista de espera se encuentran otros como Sandro Rosell (Barcelona C.F.) por el fichaje de Neymar, Florentino Pérez (Real Madrid) por su supersónica deuda y utilización del club en beneficio de sus empresas, Gil Marín (At. Madrid), hijo del clan de Jesús Gil, ex alcalde de Marbella o Ruiz Mateos…La lista es tan larga que ha llevado al periodista Javier Caraballo a exclamar: «En España, los corruptos salen en procesión como si fueran víctimas».
De 29 clubes europeos en concurso de acreedores, 28 son españoles porque sus directivos esquilmaron hasta el último céntimo en equipos tan poderosos como el Valencia C.F, el Real Zaragoza, el Málaga C.F, Racing de Santander o el Deportivo de la Coruña o rentables como el Rayo Vallecano, Betis, Mallorca, Sporting de Gijón. Y representando a todos ellos, el «capo de capi», Angel María Villar, que cumplirá con grandes festejos 25 años en el sillón presidencial, sin amago de abandonar tan preciada bicoca, sostenido con el voto de los dirigentes corruptos españoles como Del Nido y por unos dirigentes mundiales que hasta se han atrevido a adulterar el sorteo del Mundial de Fútbol ante las mismísimos ojos de millones de espectadores.
El entrenador Vicente del Bosque, con mucha ironía, dijo que sin ser pitoniso él ya sabía quien iba a «tocar» en el grupo de España, Iker Casillas también lo ha denunciado y la Federación Argentina presumió igualmente de conocer el resultado del sorteo. El deporte rey, que gracias a futbolistas, árbitros y entrenadores aún conserva algo su pureza en la base amateur con niños, adolescentes y aficionados, lo han convertido en una ciénaga tan maloliente como la política profesional, según el economista Gay de Liébana.
[youtube id=»GtU8pov9Xzc»]
Según sus cálculos, los clubes han perdido un total de 1.298 millones de euros entre las temporadas 2006/07 y la 2010/11. «El fútbol se creía inmunizado y vacunado ante la crisis económica, pero ésta le ha acabado sacudiendo», señala Gay de Liébana. «Me llamaban loco y lerdo, y ahora me llaman para que les explique todo», recuerda.
Es curioso como ahora que se conocen los abusos y corrupciones de las últimas dos décadas de poder de PP, PSOE, CiU, PNV, CC, IU, etc… en el Estado y sus autonomías (el saqueo de la cooperación internacional, las obras de trenes, aeropuertos, carreteras y edificios inservibles) afloran los millones despilfarrados pero nunca las firmas de sus autores, que son exigidas legalmente para desembolsar una inversión pública. ¿Qué políticos y funcionarios pusieron su rúbrica? ¿Con qué falsos informes de idoneidad? Aún hoy se siguen pavimentando calles y carreteras sin necesidad alguna en un país donde el paro, el hambre y el frío hacen estragos porque junto a los carteles de la obra pública no figura su coste, como otros países avanzados proclaman para que el ciudadano sepa cuánto y a quien rendir cuentas. Y la política y el fútbol son mundos paralelos, a juicio del economista Josep María Gay de Liébana.

Pese al apoyo político y mediático, la afición del Sevilla siempre supo que Del Nido era un corrupto
La deuda de los equipos de Primera División en el fútbol ronda los 3.600 millones de euros, entre ellos, los 690 que le deben a Hacienda. El economista experto en fútbol Josep María Gay de Liébana considera que los concursos de acreedores constituyen una falsa salida adoptada por los clubes para evitar pagar sus deudas a las administraciones públicas. Gay de Liébana denuncia que la Federación, la Liga de Fútbol y el Consejo Superior de Deportes (CSD) –lo que él define como «establishment político»– han «mirado para otro lado» mientras «la bola de deuda se iba haciendo cada vez más grande». «Ha predominado el resultado deportivo, las ansias de ser, y ahora vemos consecuencias», afirma. Y añade: “Si el fútbol español ha llegado a esta situación ha sido porque el establishment futbolístico lo ha permitido, los de arriba siempre ganan y la Liga no hace absolutamente nada. Pero lo mismo puede decirse del establishment político”.
El periodista Javier Caraballo ha puesto como ejemplo el caso de José María del Nido, donde política y deporte rey mezclan sus intereses más sucios, pero nunca para mejorar el espectáculo o el negocio sino para robar: “En España, los corruptos salen en procesión. Sucede con frecuencia: tras un largo proceso judicial, los tribunales condenan a un tipo por un desfalco de arcas públicas o por un pelotazo amasado con suculentas influencias, y como son gente de escasa moral y vergüenza desconocida, encima de todo comparecen públicamente para sacar pecho, henchidos de un extraño orgullo de delincuentes».
«Delincuentes vulgares que se presentan como mártires y que luego, que es lo peor de todo, encuentran el calor de un cierto público. Que nada parece más elástico en España que el reproche moral de esos delincuentes; la extraña exculpación social de determinados líderes por sucias y oscuras que sean sus condenas. Los sacan en procesión como si fueran víctimas”.
Tras la condena de Del Nido por corrupción, quien ha salido en su defensa ha sido el PP: “Hasta el alcalde de la capital andaluza, Juan Ignacio Zoido, dijo compungido que la condena del corrupto era “una mala noticia para la ciudad”. ¿Cómo? ¿Para la ciudad? ¿Cómo puede un alcalde lamentar la condena de un tipo que ha contribuido a saquear un Ayuntamiento? En fin… La verdad es que el final de José María del Nido no podía ser otro que este, la cárcel”.
“En consecuencia, quién mejor que ese Del Nido, ayuno de principios y de escrúpulos democráticos, para aterrizar en un Ayuntamiento diseñado desde arriba hasta abajo para delinquir, para saquear las arcas públicas», señala Caraballo.
Pero ¿cómo robaban? ¿Cómo robaba Del Nido, por ejemplo? El periodista tiene la respuesta: «el alcalde, Julián Muñoz, que las presidía todas, reúne en una sola tarde a los veinte consejos de administración de todas las sociedades; es decir, se reúne él mismo con un par de personas más que estaban en todos los consejos, para darle poderes a Del Nido en el asesoramiento ante el Supremo. En poco más de un cuarto de hora, se despachaba cada consejo de administración. Cumplido el trámite, Del Nido emitió una veintena de facturas todas por el mismo importe: 3.458,57 euros. Todas igual, incluso para las de empresas que ya no tenían actividad. De una tacada, Del Nido se embolsó más de 73.000 euros».
Y en la sentencia queda claro que no hizo otra cosa que poner la mano: “No se ha acreditado más contacto con el equipo fiscalizador que los simples saludos protocolarios”. Como esas facturas ficticias, Del Nido emitió hasta ochenta, que son las que figuran en la verdad judicial. Lo que nunca sabremos ya es si el desfalco fue mayor incluso de esas cantidades que, a fin de cuentas, se declaraban públicamente. En el Ayuntamiento en el que circulaban las bolsas de basura llenas de billetes de quinientos, ya podemos imaginar que las alcantarillas eran otras».
“La intervención del impugnante [Del Nido] en el Ayuntamiento [de Marbella] no se reducía a la esfera jurídica sino que era el principal adlátere de Julián Muñoz. No solo usaba dependencias municipales, sino que también daba instrucciones y órdenes a funcionarios y técnicos municipales. En definitiva, unas veces por la falta de necesidad del servicio, otras por la irregular e improcedente encomienda de tales servicios, por la prescindibilidad de los mismos o por la falta de constancia de su realización, lo cierto es que simplemente se creaba una apariencia formal, que pretendía encubrir un cobro legítimo, extrayendo caudales públicos para hacerlos propios”. Y Caraballo concluye: “Si Machado viviera, adaptaría su poema. “Buen don Guido, ya eres ido a la cárcel / y para siempre jamás, delincuente serás… / Alguien dirá: ¿Qué dejaste? / Yo pregunto: ¿Qué llevaste / al mundo donde hoy estás?”.
Encuesta:
[poll id=»61″]
Fuentes:
La situación financiera del fútbol español
La salida del fútbol español está en EE.UU y Japón, no en China
Villar maneja el fútbol español como Rajoy la economía española
Los clubes modestos están mejor gestionados que los grandes
La burbuja del fútbol español es de 5000 millones y aunque no lo haga ahora algún día pinchará


















este pais esta lleno de chorizo picante
El artículo está muy bien, pero le ha faltado decir que UPYD, en contrario con los partidos que cita, no tiene NI UN SOLO CASO DE CORRUPCIÓN, no solo eso, es que además UPyD está denunciando en los juzgados los casos de corrupción de los demás partidos o instituciones, véase por ejemplo las denuncias de Bankia ante la audiencia nacional o la denuncia del ayuntamiento de Alcalá en los tribunales.
Pongo aquí, la segunda parte de la importante carta de Pedro J. Espía no la quites que es importante y ellos no quitan los enlaces a esta página cuando los pongo en El Mundo.
Por un partido antipartidos segunda parte.
Que no quepa el equívoco. Pese a que los cuadros del PP y el PSOE se nos aparezcan de manera creciente como esas «dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el Presupuesto» que describía Galdós, quede claro desde estas primeras líneas que mi propuesta no es acabar con los partidos sino regenerarlos, obligándoles a cumplir de forma democrática su función constitucional. O sea, que si la Acción Española de Calvo Sotelo concurría a las elecciones de la República bajo el lema Votemos para poder dejar de votar algún día, este partido antipartidos que ahora necesitamos debería proclamar exactamente lo contrario: Votemos para no correr el riesgo de dejar de hacerlo nunca.
Retomemos ahora la cuestión donde la dejamos el pasado domingo: en ese clarividente artículo de El Censor, que en abril de 1822 postulaba la creación de un «partido regulador» que respondiera a «la necesidad de formar un centro que, impasible como la ley y extranjero a los dos partidos, se agregue constantemente al que en cada discusión tenga la razón de su parte».
Fuera Miñano, Lista o Hermosilla quien lo escribiera, su anónimo autor tenía muy presente que estaba apelando a una rara especie de «ilustrados y juiciosos patriotas», porque «para resistir con igual valor a los halagos del poder y a la seducción de la vanidad, para defender el trono con una mano y la libertad con la otra, para oponerse con denuedo al furor de los demagogos y a la bajeza de los cortesanos, para tener con mano firme la balanza en el fiel de la libertad sin permitir que jamás se incline ni a la opresión ni a la licencia, es necesario tener toda la virtud de los Arístides y Catones».
Siguiendo el curso de nuestra Historia contemporánea de la mano del ya mencionado estudio de Fernández Sarasola sobre la participación política en España, esa concepción del «partido antipartidos» reaparece sucesivamente, con distintos matices y dispar fortuna, en la Unión Nacional del Marqués de Viluma; en la Unión Liberal promovida por Pacheco y Borrego que gobernó durante el Bienio Progresista y el final de la era isabelina; en el partido «antipolítico» que promovía Joaquín Costa, también con el nombre de Unión Nacional, para restañar las heridas del Desastre; en el «partido educador» con el que Ortega proponía hacer frente a la «vieja política», a la «corrupción organizada» y, atención, a la «peligrosa disciplina de partido» que veía entrelazadas en la Restauración; en el Partido Centrista, liderado por Portela Valladares con el respaldo e inspiración de Alcalá Zamora, en el 36; y, ya durante la democracia actual, en la UCD, el Partido Reformista, el CDS, UPyD y Ciutadans.
A estos dos últimos, únicas piezas que están hoy sobre el tablero, Sarasola los presenta como ejemplos de lo que denomina «partido de intelectuales» o «partido no profesional», recordando el papel que en un caso tuvieron en su origen los Savater y Vargas Llosa, y en el otro los Azúa, Boadella, Carreras o Espada. También subraya su «ambigua declaración de progresismo que permitiría aglutinar a afiliados con ideología dispar» y su carácter de «híbrido entre partido político y agrupación de electores».
Siendo todo esto cierto, podría parecer una paradoja que al frente de UPyD aparezca como líder indiscutible e incombustible una persona como Rosa Díez, a la que nadie dejaría de catalogar como «profesional» de la política. Pero exactamente eso es lo que pasó también con Adolfo Suárez, cuando se constató que la reforma pacífica de un régimen político –como alternativa a los cruentos cambios revolucionarios– sólo podía hacerla desde dentro alguien que hubiera sido cocinero antes que fraile.
Ahora se necesita algo parecido a lo que ocurrió al inicio de la Transición porque, aunque la actual casta política tenga una legitimidad de origen que no tenía la franquista, su endogamia egoísta, su insaciable ocupación de todas las esferas de la sociedad, su utilitarismo tecnocrático, su retórica vacua, su insensibilidad ante las grandes cuestiones nacionales, su cortoplacismo miope, su tolerancia con la corrupción, su control de la Justicia y de las demás instituciones diseñadas para controlarla a ella, y su manipulación de los medios de comunicación y hasta de la Agencia Tributaria, ha reabierto la misma brecha entre la España oficial y la España real que se empeñó en cerrar Adolfo Suárez.
Está claro que Rosa Díez va a suceder a Suárez en esa galería de dirigentes que, con gran mérito y coraje, trataron de abrir camino a una Tercera España tan alejada de los extremos como inconformista con las rutinas generadas por las madrastras de los intereses creados. Queda la duda de a cuál de los dos Suárez que conocemos emulará. Si hasta ahora ha recogido con acierto el testigo del Suárez que fundó y lideró el CDS, un partido chiquito que no llegó a ser matón, la gravedad de la situación límite a la que estamos llegando requiere que alguien –y hoy por hoy sólo puede hacerlo ella– sea capaz de actuar como el Suárez que promovió la UCD.
Ese es el dilema de Rosa Díez de cara a las próximas elecciones generales: limitarse a encabezar una fuerza compacta como UPyD, con una expectativa de duplicar o triplicar sus actuales cinco escaños y el riesgo de que, hasta en la mejor de las hipótesis, su papel sea tan parlamentariamente irrelevante como lo fue el del CDS; o convertirse en la promotora de una gran coalición electoral a lo UCD en la que, además de Ciutadans-Ciudadanos, quepan otros grupos centristas ya existentes, muchas de las personas decepcionadas con cuanto está ocurriendo en el PP y en el PSOE, y personalidades independientes a las que la partitocracia ha mantenido alejadas hasta hoy de la política.
Por ahora UPyD está en la estrategia de lo que a mediados del XIX se llamaba el partido balancín. De lo que se trataría es de erigirse en balanza, es decir, en alternativa, tal y como acordó su reciente congreso. El descontento con un bipartidismo tan capaz de concertar la excarcelación de los peores asesinos como incapaz de plantar cara a los separatistas; podar el Estado y crear empleo de forma significativa está llegando a tales extremos, que sería imposible ponerle techo a una iniciativa así, abierta e integradora. Además, como en el caso de Falstaff, su ingenio no sólo sería bueno en sí mismo, sino que inocularía de regeneracionismo a los demás.
Carta de Pedro J. (continuación) ¡Cuánto me recuerdan hoy las reticencias de Rosa Díez hacia Albert Rivera y su bisoño equipo a las que reconcomían a Suárez en relación con Garrigues, Paco Ordóñez, Camuñas y demás atractivos dirigentes de la llamada «oposición moderada». Pero el «chusquero de la política», con la camisa azul aún en el armario, sabía que ellos podían aportarle lo que le faltaba a él; que viniendo como venían de familias ideológicas enfrentadas al Régimen, complementaban su proyecto político y le permitían presentarlo como una unión entre las dos orillas de las que procedían la mayor parte de los nuevos españoles que anhelaban un cambio sin traumas. Suárez no aspiraba a servir de bisagra entre AP y el PSOE o el PCE, sino a vertebrar la mayoría moderada que apostaba por la democracia; y tuvo la suficiente ambición y grandeza como para conseguirlo.
Rosa Díez debe ser consciente de que su procedencia socialista condiciona y previene a muchos de quienes desde la derecha y el centro simpatizan con sus planteamientos. «Sí, defiende a España… pero es de izquierdas». No hay más que leer la entrevista que publicamos el lunes con Pere Navarro para darse cuenta del simétrico empeño que hay por encerrar a Albert Rivera en el rincón opuesto: «Los de Ciutadans siempre votan con las posiciones de la derecha». Es evidente que la suma, o mejor dicho, la alianza de los dos partidos, neutralizaría ambos clichés y restablecería la verdad de lo que, en realidad, son atractivos proyectos transideológicos enfocados en las grandes prioridades nacionales.
No estoy proponiendo ni su fusión en un solo partido, como erróneamente terminó haciendo UCD, ni siquiera en una federación de partidos como la Unión Liberal bajo O'Donnell, sino su concurrencia conjunta a las elecciones con un programa basado en lo que Costa llamaba medidas «gacetables». Es decir, iniciativas concretas que pudieran llevarse a la Gaceta–hoy diríamos al BOE– con el respaldo de una mayoría parlamentaria liderada por Rosa Díez. Esas medidas compondrían un contrato de límites exactos, no sólo entre la coalición y los electores, sino también entre la coalición y los elegidos, de manera que en todo lo que no hubiera quedado expresamente incluido, personas de procedencias y opiniones diversas pudieran votar en conciencia, sin estar sometidas al castrador «mandato imperativo» de las cúpulas de los partidos.
Ya sólo esta innovación, tan potencialmente contagiosa, revitalizaría la vida parlamentaria infundiendo en los debates la veracidad de la incertidumbre. Pero si examinamos además los que a mi modo de ver deberían ser los cinco principales ejes de ese programa-contrato, constataremos que servirían de banderín de enganche a millones de españoles:
1.–«Promover el enriquecimiento del país y la baratura de la vida aumentando la potencia productiva» mediante «la simplificación de las ordenanzas», «la supresión de intermediarios», la «represión constante del fraude», la «rebaja de impuestos» o «la apertura de nuevos mercados en el extranjero».
2.– «Abaratar la Patria, simplificando la organización política y administrativa que, además de resultar excesivamente costosa, constituye una traba para el desenvolvimiento de las actividades individuales». Eso implicaría «reducir el personal en dos terceras partes cuando menos» para «desacostumbrar a las clases medias del parasitismo burocrático e irlas encarrilando hacia la industria y el trabajo de forma que dejen de ser una carga para los que trabajan y producen».
3.– «Pagar a las clases desvalidas y menesterosas la deuda contraída con ellas por las clases directoras y gobernantes… en forma de mejoras beneficiosas para la masa del pueblo… llevando a la Gaceta las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, enseñar al que no sabe y consolar al triste, que es el pueblo».
4.– «Afianzar la libertad de los ciudadanos, extirpando el caciquismo… abatiendo el poder feudal tanto de los diputados y senadores de oficio como de sus hechuras y de sus hacedores, teniendo a raya a su principal instrumento, los tribunales, cuya organización urge transformar, y más aún, su organización, su espíritu servil y despótico al mismo tiempo».
5.– «Contener el movimiento de retroceso y africanización del país y hacerlo europeo, no sólo mediante todo lo anterior, sino también, y muy principalmente, renovando hasta la raíz sus instituciones docentes, poniendo el alma entera en la escuela de niños y sacrificándole la mejor parte del Presupuesto… prendiendo fuego a la vieja Universidad, fábrica de licenciados y proletarios de levita, y edificando sobre sus cimientos la Facultad moderna, despertadora de las energías individuales, mandando todos los años al extranjero legiones de jóvenes sobresalientes».
Comprendo que se hayan quedado sin aliento ante la contemporaneidad de este programa. No en vano nació con el siglo… pasado, pues fue presentado por Joaquín Costa el 3 de enero de 1900 en su legendario discurso del Círculo Mercantil de Madrid. Se titulaba ¿Quiénes deben gobernar después de la catástrofe nacional? Intelectuales como los que promovieron UPyD y Ciutadans deberían empezar a responder esta pregunta. Y con ellos los demás. Necesitamos, sí, encontrar a nuestros Arístides y Catones.
pedroj.ramirez
¡¡VOTA,SIERVO DE LA GLEBA,VOTA!!Chapotea en el chapapote de
la corrupción de este degenerado estado de partidos,perdón,bandas
palaciegas.
Esta es la jefa de la banda maguenta,UPyD,la facción palaciega que
tanto defiende el infeliz de José Antonio.
Justo antes de que dejaran sin escaño y sin sueldo en el parlamento
europeo a Rosa Díez,creó un partido nuevo para conseguir llegar hol-
gadamente a fin de mes y sin dar un palo al agua(desde luego le a sa-
lido bien la jugada a la señora Díez).Y para redondear el retrato de
esta miembro destacado de la castuza palaciega,voy a añadir y a re-
frescar el pasado de esta señora,que algunos olvidan.Dirigente del
PSOE vasco durante los tiempos más tenebrosos del felipismo y con-
sejera del gobierno de coalición con el PNV,que puso una querella a
Antonio Mingote.Esta es la ejemplar cuya lista de listos ratifica este
pobre hombre.