Vieja nación de pintores y escritores, España despidió esta semana en medio del silencio oficial al último poeta digno de tal nombre: Juan Luis Panero (Madrid, 1942-Girona, 2013) no mereció siquiera el comunicado de impostadas condolencias con el que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, despacha habitualmente a los ilustres conciudadanos que se le mueren. Prefirió darle el merecido pésame al cervantista Martín de Riquer, como antes lo hizo con el aventurero Alvaro Bultó, al que profesaba gran admiración. Rajoy, que en materia de duelos y quebrantos se lía tanto como en política y economía, ya transmitió su pésame a las víctimas del terremoto de Gansu (China) en lugar de hacerlo con las del negligente accidente del tren Alvia a Santiago. Y esta misma semana se olvidaba de Juan Luis Panero, pero estaba atento para felicitar públicamente al nuevo primer ministro de Albania, el ex ministro de Cultura, ex alcalde de Tirana y pintor, Edi Rama, que se hizo célebre por declarar que «ser alcalde es la forma suprema del arte conceptual. Es el arte en estado puro».
Muchos han sido los periodistas, poetas e intelectuales que han escrito sobre la muerte del poeta Juan Luis Panero, pero el presidente del Gobierno no ha perdido ni un segundo en reparar en ella. Para Rajoy, los poetas no son ni siquiera el «extravagente ciudadano» que Primo de Rivera veía en Valle Inclán. Para él simplemente no existen, y menos aún si van por libre.
Cuando era ministro de Educación y Cultura -sí, nuestro indocumentado y falaz presidente también se dedicó a esos menesteres al tiempo que cuidaba de reojo los ingresos de sus registros de la propiedad en Galicia y Alicante- Rajoy escribió -o por mejor decir, le escribieron- un prólogo sobre La Celestina y Fernando de Rojas. Es la única herencia cultural o literaria que lega a las generaciones futuras, si descontamos sus alcábalas testamentarias e inmobiliarias que le han hecho rico junto con lo amasado en política. Tras dejar España como un páramo, nuestro gallego más universal después de Franco y de Amancio Ortega, Cunqueiro, Rosalía, doña Emilia o Castelao, deja también nuestra rica y vasta cultura como un erial: lógico, en alguien que presume de que su lectura de cabecera es el diario «Marca» y su más honda preocupación, la clasificación ciclista del Tour, el Giro y la Vuelta a España.

Rajoy se apresuró a felicitar al nuevo primer ministro de Albania (en la imagen) pero se olvidó de Panero
¿Panero? Para Rajoy, no es más que un nombre, uno más, y si acaso, el mismo apellido que regenta «El Albondiguilla», uno de los alcaldes madrileños de la trama Gurtel, que junto a «El Bigotes» y «Correa» son los alias y apellidos que medraron a sus anchas en esta mafia política que se ha adueñado de España. Y lo mismo que para el Gobierno, lo es para la Oposición, los Sindicatos y los empresarios que abrevan a diario del Estado (eufemismo del contribuyente) con sobreprecios, despilfarros, inversiones inútiles y caprichos de nuevo rico que contrastan con la severa pobreza, malnutrición infantil incluida, en la que han convertido este ya ajado y triste país.
El silencio oficial ante la muerte de Juan Luis Panero no es una desgracia en sí misma sino un síntoma: «En España ir por libre se paga. Este es un país bastante mediocre, qué le vamos a hacer», sentenció el poeta antes de morir. De los numerosos premios oficiales con que el régimen compensa su analfabetismo crónico, Panero no mereció ninguno. Vivía austeramente y en silencio, pero nadie se preocupó nunca de averiguar si le asediaban o no las estrecheces. El pomposo departamento de Cultura tiene otras distracciones presupuestarias antes que loar a sus escritores, porque para nuestros políticos y sindicalistas, el mejor poeta es siempre el poeta muerto.
“Ningún poeta está vinculado al escándalo y a la gente le importan un rábano los poetas. Todo aquello [la película «El Desencanto»] fue una especie de “reality show” en 1976 que le interesó a la gente por toda la chismorrería. Ni poetas, ni nada ¡que coño le importaban a la gente los poetas! Lo que les gustaba es que tres hermanos y la madre nos poníamos todos a parir. Ahora como tienen tanta mierda de programas todos los días ¿por qué les va a interesar «El Desencanto»? En cuanto a los poetas, no escandalizan a nadie, ni a un niño de tres años ya”, decía un decepcionado Juan Luis Panero, que apostillaba: «Los tiempos no están para Lola Montes sino para las putas de salsa rosa».
El desprecio o el desdén de Rajoy por la muerte de Juan Luis Panero o de cualquiera de los poetas que han dado estas depauperadas tierras no es menos grave que los escándalos de corrupción que asolan el país desde la Jefatura del Estado hasta las concejalías de los pueblos más dispersos. Cuando una lengua pierde a uno de sus grandes literatos queda huérfana de sus palabras más verdaderas y esenciales.
La muerte de Juan Luis Panero ha traspasado nuestras exiguas fronteras y ha llegado hasta México o Tokio, pero el presidente, muy ocupado en sus discursos de mediocre leguleyo y distante de las masas enfurecidas y saqueadas que algún día le harán pagar caro a él y a sus cómplices su asalto al Estado, ha perdido otra buena oportunidad. No ya para resarcir su honra, que perdió hace mucho tiempo con esa doble vida que le ha transformado en un personaje cruel y despiadado que asoma siempre escondido, atribulado y nervioso tras una pantalla de plasma o parapetado ante ministros viriles y ministras mandonas. Rajoy podía al menos haber restaurado el honor de un pueblo que, si de algo puede presumir al menos, consciente de la ignorancia y el engaño al que le someten a diario sus cargos públicos, es de haber reconocido a su muerte a los poetas.
Fuentes: Juan Luis Panero: cine y poesía
Su libro digital en Estados Unidos (Amazon)
Encuesta:
[poll id=»18″]
Compare como redacta Moncloa sus necrológicas y felicitaciones:
Felicitación de Rajoy al primer ministro de Albania
Pésame por la muerte de Alvaro Bultó
Pésame de Rajoy por el fallecimiento de Martín de Riquer













http://www.publico.es/469038/muere-el-poeta-juan-luis-panero
Sintomático …
Con Panero no tenían oportunidad de hacerse foto y eso no le interesa a la gran mayoría de nuestra clase política.
Se ha ido uno de los más grandes que estoy seguro reconocerán las generaciones venideras en su medida.