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González y Guerra: regreso al pasado.

González y Guerra: regreso al pasado.

Quizás sea casualidad que los antiguos líderes de PP y PSOE hayan salido a la luz en las últimas semanas. O quizás no. El regreso a la arena política de Felipe González, José María Aznar o Alfonso Guerra ha puesto de manifiesto una coincidencia: sus dudas al analizar la hecatombe laboral y económica española, a la que responden con un discurso que mezcla el miedo a su futuro personal y la chulería hacia los movimientos ciudadanos y sociales que cuestionan la partitocracia y piden juzgar a los políticos del régimen.

Alfonso Guerra ha sido el último en ocupar de nuevo los focos mediáticos de la casta, que lo habían silenciado mucho en el pasado más reciente. En Tele 5 fue contundente sobre quienes deben sacar de la crisis a España: «o nosotros, los partidos, o la dictadura»: «Yo en 1996 utilicé la palabra desafección. Me preocupa que los partidos no den una salida a las preocupaciones de la gente porque es gravísimo. Si se eliminan los partidos solo hay dictadura, aún con todos los defectos que tienen los partidos». 

Felipe y Guerra: amigos públicos, coincidencias privadas

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Guerra dijo que no le inquieta lo más mínimo que le griten ahora en las calles «No nos representan», pues reconoció que lleva 30 años como cargo público representativo por Sevilla y nadie antes había cuestionado su inoperancia. No obstante, admitió que el régimen de partidos estaba degenerando en una «oligarquización» y dio a entender que la casta a la que pertenece es un peaje que deben pagar los ciudadanos si quieren democracia, pues es algo que ya advirtió el sociólogo alemán Robert Michels en 1911. Lo definió como la “Ley de hierro de las oligarquías de los partidos” y desde entonces nadie ha podido ni rebatirlo ni acabar con ello.

A pesar de la seguridad que quiso aparentar para vaticinar un futuro donde él seguiría siendo protagonista político tras 30 años como diputado, en otro momento de la entrevista no ocultó sus temores por lo que está pasando: «Es muy injusto y al ser injusto es un crimen que a personas que tienen capacidad se les impida el paso al conocimiento por razones económicas. Es una estupidez. Una sociedad que amputa a la gente con más capacidad intelectual es una sociedad que va a perder. Una sociedad no puede caminar sin formación. Vamos a una sociedad peor si se mantiene lo que está ocurriendo. Esto no puede seguir así. El capitalismo financiero sirve para los grupos financieros, no sirve para la sociedad. Están creando un ejército de parados. Todo esto va a romper por algún lado y no entiendo que los grandes dirigentes del mundo no ven que, o ponen una solución o va a explotar muy feamente, con unos rasgos muy violentos».

Rajpy mandó al ministro Soria a vigilar a Aznar: sabía lo que hacía y le salió bien

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En su hostilidad a los movimientos civiles, el discurso de Alfonso Guerra se parece mucho al de Dolores de Cospedal: «Si quieren representar a un grupo de población y a unos intereses determinados o a una forma de ver y estar en la sociedad, deberían de participar en el juego de la representación», retó hace unas semanas la secretaria general del PP, que reconoció que «lo más importante es que nos abramos a la sociedad en un momento en que el terremoto de la crisis se lleva por delante a quienes hemos dicho que somos capaces de solucionar el problema que tenemos». En ese sentido, apostó por un gran pacto PP-PSOE para dar a los ciudadanos la garantía de que, en las elecciones más cercanas, «su voto sí cuenta y sirve».

Todo lo contrario que Aznar, que en su última salida del ostracismo en el Club Siglo XXI, rebajó considerablemente el tono de crítica al Gobierno de Mariano Rajoy. El Ejecutivo mandó a la conferencia como «observador» al ministro de Industria, José Manuel Soria, y a pocos de los presentes se les escapó que Soria es el político que regula las tarifas y subvenciones de Endesa, una de las empresas que «asesora» Aznar por 300.000 euros anuales. La decisión resultó efectiva: la mera presencia de Soria hizo palidecer a Aznar, exteriorizar sus temores con un tono mansamente moderado y rebajar sus críticas a Rajoy hasta la inexistencia, lo contrario de lo que había hecho durante su célebre entrevista en Antena 3.

Dolores de Cospedal y José María Aznar

Dolores de Cospedal y José María Aznar

Felipe González también ha vuelto a saltar al ruedo y coincidió con Cospedal en que los partidos, “o se abren o tienen muy mal futuro”. En su caso, ha vuelto a la escena pública para infundir temor a los ciudadanos que piensan en sustituir a la casta, algo que definió como «el peligro de alternativas de corte populista y el resurgir de los salvadores de la patria”: “Algunos ya se ofrecen por ahí… Da miedo”, apostilló en lo que los periodistas vieron como referencia a la irrupción de José María Aznar. En cuanto a su posición personal, bromeó con que “aún me quedan 20 años para madurar como Napolitano”, el político italiano de 88 años reelegido en marzo como presidente de la República. Porque Felipe dice las cosas más serias en tono jocoso, al más puro estilo andaluz.

Como Guerra o Aznar, Felipe González aseguró también que él había advertido de esta catástrofe económica española antes, concretamente en el año 2001. Y en un momento dado se le escaparon sus miedos personales a un futuro ajuste de cuentas con el pasado: “Los políticos creen que, en cuanto la curva económica cambie y comience a manifestar síntomas de mejora, los ciudadanos abandonarán sus movilizaciones. No será así, el actual movimiento de resistencia se convertirá en un movimiento reivindicativo, que reclamará la recuperación de las posiciones que han perdido. De esta forma, las exigencias económicas darán paso a las demandas de soluciones para la crisis política e institucional”. Algo que algunas personalidades de la sociedad civil han resumido en tres llamativos lemas: «transparencia, reparación y confiscación».


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