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«Ayer soñé que veía, a Dios y que a Dios hablaba; y soñé que Dios me oía… Después soñé que soñaba». Cuando el poeta Antonio Machado escribió en sus «Proverbios y Cantares» este soneto, válido tanto para creyentes como agnósticos, lo concluyó así: «No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada. Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas. De diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañéis que un bruto se descuerne luchando por la idea…».

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Por culpa de nuestros gestores públicos está agonizando «la mejor generación que ha dado España», se suele decir. Lo he comprobado y se me revuelven las tripas contra ellos. La casta de la partitocracia político-sindical que ha hecho bueno a Franco copiando de mala manera aquel infausto régimen, aderezándolo además con características de las mafias italiana y rusa combinadas (Gal, tangentópolis…) está arruinando no ya nuestro futuro, que ha sido esquilmado por abuso de confianza y buena fe, sino el de aquellos que lo tienen todo por delante.

Pasé por un pub madrileño y oí como un grupo de jóvenes reía desenfadadamente. Juventud, divino tesoro, escribió Rubén Darío. Una chica se divertía intercambiando inglés, alemán y francés (además de español): daba clases particulares. Otro chico se había formado en Inglaterra: servía las copas. Una última, chica culta y también plurilingue, cuidaba niños como canguro. En la Feria de Libros de Arte «Mas que Libros», que se celebra en el Colegio de Arquitectos de Madrid (calle Hortaleza), la explosión de creatividad, talento, originalidad y buen gusto de nuestros jóvenes artistas iguala y en ocasiones supera con creces a sus predecesores. No solo se van los jóvenes científicos, a los que se quedan los han metido en la ciénaga. Los causantes de este destrozo, despilfarro y crueldad algún día deben pagarlo.

Por lo que he gozado y padecido en esta vida, existen solo dos tipos de personas: las que dependen de sí mismas y las que dependen de las demás. Las primeras sufragan con su esfuerzo a las segundas, que constituyen el Estado. Lo hacemos con gusto, pues nos brindan a cambio la gestión pública de nuestra educación, sanidad y seguridad, básicamente. Lo que no estaba previsto en el guión de la vida es que aquellos a quienes mantenemos con nuestro dinero se hicieran tan voraces, despiadados y ruines que aprovecharan el manejo de los caudales y de la confianza aprovechándose para sí y sus familias, echando a la cuneta a la mayoría de la población.

La casta no debería poder doblegar la voluntad de la inmensa mayoría. Hay que buscar inclusiones.

La casta no debería poder doblegar la voluntad de la inmensa mayoría. Hay que buscar inclusiones.

Los que trabajan en eso que se llama «mercado» cobran a duras penas o están en paro, los que trabajan en el «Estado» cobran antes de que concluya el mes, tienen pagas extras y vacaciones, se quejan cuando les recortan, sus dirigentes tienen sueldos millonarios y sus hijos y demás familia sí tienen empleo, también público o de empresas reguladas o subvencionadas por el Estado con las que tienen relación. Ellos deciden en qué se gasta el dinero de todos, generalmente en ellos mismos: eventos y obras de los que sacan algo. Han sido incapaces de renunciar a sus bicocas para impedir el desempleo de los que los sufragan y esa actitud tan mezquina quizás les cueste algún día devolver todo lo que han logrado amontonar. Tampoco podíamos imaginar que estaban tejiendo una red clientelar de corrupción y favores mutuos que hiciera tan compleja su persecución legal. Difícil y complicado, no imposible.

Sé porque lo veo a diario que las manifestaciones frente al Congreso (aún no se han probado frente al Senado, el Palacio Real o el de la Moncloa) es lo único que arredra a nuestros sátrapas. Lo pueden comprobar ustedes: cuando se han convocado, los diputados y los gobernantes han huido cobardemente, incluso fuera de España. Saben que si un día la policía se da la vuelta y por un golpe de azar se alía con el pueblo agolpado frente a las vallas, su presente sería tan negro como ahora es nuestro futuro. Por eso el Gobierno ordenó cargar con tanta saña contra el 25-S cuando nuestros jóvenes y menos jóvenes rodearon el Congreso. Por eso las Mareas Ciudadanas triunfaron de forma tan exitosa cuando llegaron hasta la Plaza de Neptuno en Madrid (un millón de personas, secundadas por otras dos en 80 ciudades españolas). Neptuno con su amenazante tridente es hoy el símbolo de la libertad en España. La próxima, el 1-J, que ridiculizará de nuevo al 1 de Mayo, esa opereta convocada por los sindicatos del régimen. Un pueblo honrado y valiente que está siendo perseguido y masacrado, multado y penado por ejercer derechos básicos como el de manifestación o expresión. O nos ayudan desde fuera de España o nos exterminan, aquí ellos lo controlan todo: leyes, jueces, policía, sindicatos, gobierno, oposición, prensa… Solo algunos héroes se atreven a disentir del régimen, pero el ciudadano debe seguir protestando porque… el miedo va a cambiar de bando.

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Pero hoy hay algo tan importante como protestar: lograr la unión de los que protestan y forzar una plataforma electoral. A poco que se perciba inclusiva, succionará a las demás. La fortaleza e impunidad de la casta pivota sobre la división de los ciudadanos y en su inexperiencia para organizarse. Plataforma Ciudadana Ya es la última que he visto, pero me gustaría que todas las plataformas que fomentan la unidad se unan también y desconozco cuales son. Creo que otra web está promoviendo una encuesta y habría que difundirla también si alguien la conoce. Comencemos a presionar a los movimientos sociales para esa unidad con la misma tenacidad con que protestamos contra los que nos están llevando al precipicio (a muchos ya los han tirado por el abismo). Cuando leo que 3500 personas van al paro a diario, me imagino que están fusilando a 3500 españoles cada día y los demás no podemos hacer nada para evitarlo, salvo oir el ruido de las balas. Y lo mismo me ocurre con los desahucios.

Ayer soñé que soñaba y por eso, cuando se celebren elecciones europeas, municipales, autonómicas y por fin generales, si es que llegamos vivos a este maratón de obstáculos que nos han puesto para poder echarlos y perseguirlos con la ley para que devuelvan lo hurtado y paguen con la cárcel sus fechorías, imaginé que estas eran las verdaderas «Marcas España». Aquellas que pueden sacarnos no solo de la crisis, sino de la indignidad. Lo ideal es que se unieran, y que si no lo hacen, que al menos se presenten a unos comicios. Siguen siendo demasiadas opciones, pero cualquier salida vale con tal de no volver a las cadenas de esta mafia en la que hemos caído llamada «partitocracia» o «casta»:
PAH
15-M
25-S
DRY
Anonymus
Mareas Ciudadanas
Bukaneros
Frente Cívico-Somos Mayoria
Partido Pirata
Partido X
ATTAC
Equo
Compromís
P-LIB (Partido de la Libertad Individual)
Voto en blanco
Voto nulo
Abstención


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