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Solo dos ministros aguantaron 30 minutos seguidos escuchando a Rajoy

La escena transcurrió este miércoles 8 de mayo en el pleno del Congreso, entre las 13.00 y las 13.30, con Mariano Rajoy en la tribuna de oradores hablando de la crisis y del paro. Las cámaras de televisión no lo registraron porque en el Congreso (y en el Senado) solo hay una televisión que está bajo control “institucional” (censura) para evitar sorprender a los parlamentarios y ministros en situaciones incómodas. Pero yo sí lo hice y ofrezco el muestreo sobre la actitud de los 12 ministros sentados en el banco azul (solo faltó Ana Mato).

Los ministros apenas atienden las explicaciones de Rajoy en el pleno

Los ministros apenas atienden las explicaciones de Rajoy en el pleno

Soraya S. S.: llamó por el móvil y envió SMS y/o Wasap. Se puso en pie para hablar con los diputados sentados a su espalda.

Margallo: leyó un periódico de papel que le pidió a Gallardón (La Razón). Soraya le dejó su tableta para leer un artículo, pero parecía no saber usarla al moverla con dificultad y con un solo dedo. Poco diplomático y/o educado, se reía ostensiblemente cuando hablaba Rubalcaba.

Gallardón: llamó por el móvil, leyó en la tableta y envió SMS y/o Wasap. Cuando habló Rubalcaba se levantó y se fue, lo que le recriminó Rajoy al pasar a su lado.

 Morenés: llamó por el móvil.

 Montoro: escuchó atento a Rajoy.

Guindos se levanta de su sitio para hablar con Montoro al otro extremo del banco azul

Guindos se levanta de su sitio para hablar con Montoro al otro extremo del banco azul

 Jorge Fdez: llamó por el móvil y envió SMS y/o Wasap. Leyó un informe en papel.

Ana Pastor: llamó por el móvil. Usó la tableta tecleándola con las dos manos como si fuera una vieja máquina de escribir o un ordenador.

Fátima Báñez:  llamó por el móvil y envió SMS y/o Wasap.

 Wert: usó la tableta para leer.

Soria: Enganchado. Estuvo los 30 minutos computados leyendo su tableta sin levantar ni un solo segundo la cabeza.

Arias Cañete: escuchó atento a Rajoy.

Guindos: leyó en la tableta, aunque apenas unos minutos. Se levantó una vez para hablar brevemente con Montoro.

Gallardón y Soraya, charlando animadamente en el banco azul del Congreso

Gallardón y Soraya, charlando animadamente en el banco azul del Congreso

La sesión, ciertamente, fue más aburrida que de costumbre, casi soporífera. A esa hora, la tribuna de prensa estaba casi vacía y el público, compuesto por adolescentes y escolares, mostraba caras de perplejidad: los ministros no atendían las explicaciones de su propio líder, Mariano Rajoy. Y para disimular, los miembros del gabinete colocaban distraídamente las tabletas encima de los pupitres del escaño o entre sus piernas, como si de “chuletas” escolares se tratara. Al final, ya no disfrazaron la falta de atención y actuaron con descaro. Están acostumbrados a que estas situaciones no se reflejen en la prensa, más atenta a las frases rimbombantes y a las declaraciones en los pasillos. Es una triste y desgraciada cotidianidad y rutina en nuestra casta.

Jorge Fernández le sopla algo a Montoro en el banco azul

Jorge Fernández le sopla algo a Montoro en el banco azul

Del líder del PP anoto los siguientes titulares: “Somos el 5º país de la UE y el 4º de la zona euro”. “Hemos pedido prestado 63.000 millones porque, entre otras cosas, las autonomías no tienen ya crédito” (en el Senado había dicho ayer que contaba con las autonomías para salir de la crisis). “Yo eso no lo puedo decir” (comprometerse a crear algo de empleo hasta noviembre de 2015, cuando agota su mandato). “Los diputados son elegidos por el pueblo español” (no son elegidos, son refrendados, que es distinto: los eligen los partidos y de ahí su hecatombe). “Tenemos 370.000 funcionarios menos porque no hemos renovado sus jubilaciones”.

Soria, con su tablet y Fátima Báñez, absorta, en el banco azul.

Soria, con su tablet y Fátima Báñez, absorta, en el banco azul.

Rubalcaba estuvo a la misma altura: reclamó su derecho a prometer “no la política de Zapatero, ni la de Rajoy, sino la de Rubalcaba”. El eslogan no resultó creíble, lo dijo como una muletilla, sin apenas convicción. Salvo su propuesta de que era preferible prorrogar la estancia de los jóvenes en las aulas universitarias antes que tenerlos en el paro, el resto de su intervención resultó prescindible. Al igual que Rosa Díez, que solo despertó interés con su demanda de un proceso constituyente que Rajoy se pasó por la entrepierna. En el resto de intervenciones, nada nuevo ni reseñable, partitocracia en estado puro.

Más relevantes fueron las anécdotas: Soraya le pasó un papelito a Jorge Fdez, que fue de mano en mano por medio banco azul. Cuando llegó a su poder, el ministro de Interior ni lo leyó. El más nervioso y gesticulante fue Wert: se rascó el oído con un dedo, más tarde se lo metió en la nariz para amainar un inoportuno picor y miró ostensiblemente la hora cuando hablaba tediosamente Rajoy. Los más revoltosos fueron Soraya, Margallo y Gallardón, que conversaron mucho entre sí mientras hablaba el presidente del Gobierno, sin prestarle apenas atención. Nada hay que reprocharles: actuaron más o menos como el resto de los ciudadanos españoles.


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