Diálogo erótico entre un senador gay y un ministro homófobo, ambos acusados de corrupción

El Senado de España se parece bastante al romano en la época de Calígula, donde se distraía al pueblo con el circo y con divertidos y picantes debates mientras la población agonizaba de hambre y precariedad, azotada por la corrupción. Un ejemplo: un senador gay y un ministro homófobo, ambos acusados de nepotismo y ambos impunes, distraen a sus colegas de escaño con un diálogo sobre la homosexualidad y la perpetuación de la especie. Sus señorías, muy alegres, se rieron a rabiar mientras el público de las tribunas, entre ellos muchos adolescentes, no salía de su asombro ni ocultaba sus caras de perplejidad: España se hunde y en la Cámara Alta se oyen carcajadas. Es el habitual espectáculo con que los parlamentarios adornan la sesión.

Jorge Fernández (PP) y Jesús Martín (PSOE), tal para cual.

Jorge Fernández (PP) y Jesús Martín (PSOE), abajo, tal para cual.

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Jesús Martín Rodríguez, senador (PSOE): Señor ministro, no hay dos sin tres, y en las otras dos me dejó usted compuesto y sin novio.

Jorge Fernández Díaz, ministro (PP): Le diré que todo lo que se refiere a la vida de las personas me afecta, y me afecta tanto a nivel personal como, evidentemente, en el ámbito de mi responsabilidad pública. J. M. Señor ministro, abro mi segunda intervención con sus palabras, no con las mías. Dijo usted: Existen argumentos racionales que dicen que ese matrimonio —se refería a los del mismo sexo— no deben tener la misma protección por parte de los poderes públicos que el matrimonio natural. La pervivencia de la especie, por ejemplo, no estaría garantizada. Señor ministro, convendrá conmigo que hacer esas declaraciones a escasos metros de un purpurado y a escasos metros del Vaticano, que, como todo el mundo sabe, es el país con mayor índice de natalidad, no es estar muy afortunado ni en el lugar ni en la frase. (Risas.) Usted, señor ministro, se ha confesado públicamente un converso, no a la manera de San Pablo, quien súbitamente se cayó de un caballo, no, usted es un converso al estilo de San Agustín porque ha rectificado en su camino a base de tiempo y experiencias. «Cuando llegué a Cartago, a mi alrededor bullía un caldero de amores ilícitos», nos cuenta el santo en su libro Confesiones, sin ahorrar detalles de su amistad con un joven cristiano. Señor ministro, yo no practico la hípica y, al contrario que San Agustín, de mi naturaleza hago virtud porque donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Evangelio, Romanos, 5,20. (Aplausos.). En mi Constitución y en mi España ministro del Interior podría ser yo porque usted en esa España suma, mientras que en la suya yo resto.

Jorge Fernández y Jesús Martín divierten a sus señorías con sus jocosos debates sobre homosexualidad y especie, pero ocultan que ambos han sido denunciados por corrupción y siguen en sus cargos.

Jorge Fernández y Jesús Martín divierten a sus señorías con sus jocosos debates sobre homosexualidad y especie, pero ocultan que ambos han sido denunciados por corrupción y siguen en sus cargos.

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J. F.: A pesar de mi larga trayectoria parlamentaria, jamás había escuchado una intervención más confesional que la suya, se lo puedo asegurar. Con el respeto que usted me merece y que, desde luego, está claro que yo no le merezco (Aplausos.), le diré que mis manifestaciones —de las que para nada me retracto, que quede claro— las realicé en un foro de debate público, en el que participaba, junto a mí, como referente político italiano, el ex primer ministro Giuliano Amato, que estoy seguro de que si le hubiese escuchado a usted se quedaría escandalizado del grado de intolerancia y de indigencia política de su intervención. (Aplausos.—Protestas.) Esas manifestaciones, señoría, responden no solo a lo que creo —que lo creo, profundamente—, sino también a lo que defendí, por ejemplo, desde la tribuna del Congreso de los Diputados cuando se debatía esa ley de 2005. Por cierto, responden también a lo que yo firmé en el recurso ante el Tribunal Constitucional, como segundo firmante, porque yo era el secretario general del Grupo Popular, y en ese recurso nuestro, en la página 12, viene literalmente expresado ese criterio y esa expresión que usan los demógrafos: Vicepresidente del Tribunal Constitucional: voto discrepante en relación con la sentencia. Léase todo lo que dice esta página sobre la cuestión a la que usted alude, que quizá aprenderá un poco del tema. (Aplausos.).

Tanto Jesús Martín como Jorge Fernández Díaz han sido acusados de corrupción a lo largo de su trayectoria política, pero ambos han salido indemnes y siguen en sus puestos. El hoy ministro de Interior del PP fue acusado de nepotismo al contratar a varios familiares, algo que incluso reconoció alegando que “esa especie de endogamia ha sido generalizada” y que él, al fin y al cabo, hizo lo que todos. En cualquier otro país su carrera política habría acabado con esta confesión, pero en España, muy al contrario, prosperó hasta ser ministro del Interior, responsable de la seguridad y el orden público.

El senador socialista Jesús Martín, que ha salido del armario y se ha declarado gay, fue acusado de uso inapropiado de su móvil pagado con fondos públicos por varios policías que también usaron un ipad para fines privados (en España, pese a la crisis, los ipad de los cargos públicos políticos y administrativos los siguen pagando los contribuyentes). Además, está imputado por corrupción curiosamente con la misma denuncia que el ministro: nepotismo al contratar a un arqueólogo por enchufe, maniobra en la que participaron también un sindicalista de CCOO, una profesora de la Universidad de Castilla la Mancha y dos funcionarios públicos.

Puede consultar aquí el Diario de Sesiones donde se produjo esta singular conversación entre ambos políticos (página 4994).  

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