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Siempre he creído en la economía privada y en la iniciativa personal, tan denostada ancestralmente en España, como una manera más eficaz para fomentar la creatividad, la riqueza y el empleo. Jamás he sido funcionario, político o sindicalista, aunque nunca los he visto como adversarios o enemigos, cada cual cumple una función en un país donde caben todos y todos los ciudadanos tienen su lugar y su ocupación. Siempre sumar, nunca restar, nadie sobra y nadie es inservible para todo, todo el mundo sabe hacer algo y todos somos útiles en algo. He de reconocer que me he equivocado: hay 6.202.700 razones que indican que en esta situación de emergencia nacional, de auténtica convulsión ciudadana, de estafas bancarias, fraudes y corrupciones políticas, privilegios medievales del Estado, etc, es imposible emprender nada, crear nada, trabajar en nada. Y el que lo hace está en peligro de extinción. Se han cargado la economía a base de pequeños y grandes hurtos. Y lo van a seguir haciendo. Todos. El PP fue el último en llegar a lo que creía una fiesta y lo poco que queda lo apalanca. Antes lo hizo el insolvente Zapatero, el monstruoso Aznar y el cínico Felipe González. Todos miraban arriba y emulaban al Rey, claro, el que siempre gana. Urdangarín llegó el último y lo sorprendieron con el carrito del helado, ya no quedaba casi nada y, claro, no pudieron evitar que se supiera. El país del mundo con más paro y el menos transparente en sus dineros públicos ¿tendrá algo que ver?

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Las administraciones no dan hoy ni las migajas, no hay dinero, dicen. Pero al periodista Carlos Herrera le conceden 100.000 euros, el Club de Campo de Madrid (¿por qué demonios un club de élite tiene que ser público para uso y disfrute de la casta?) fue subvencionado con 15 millones de euros, la Universidad Rey Juan Carlos gastó 400.000 euros en atenciones protocolarias pero sobraban 200 profesores, en el Ministerio de Exteriores un diplomático denuncia que se pueden robar millones, pero no euros… La sección de corrupción de este blog es un pozo sin fondo y cada día se descubre algo nuevo: hoy es el directivo de Unilever España, ¿mañana?.

Todo nuestro dinero público se lo reservan los políticos, para ellos y sus familiares, sus allegados o las empresas conexionadas con ellos. No hay más que verlos en el Parlamento y en los escaños, sonrientes, felices, opulentos, impecablemente vestidos, aseados y perfumados. Ocurre que los políticos jamás han trabajado, su desconexión con el mundo laboral o económico es total. Entran en las juventudes de los partidos y sindicatos y se jubilan con pensiones o prejubilaciones de oro a costa nuestra. El cáncer es brutal, abarca desde lo municipal (en su doble acepción, local y provincial), aún más en lo autonómico y culmina en lo nacional, reserva de las grandes empresas y los grandes pelotazos. Cinco administraciones contando a los eurodiputados de platino (15.000 mensuales para «representarnos»). Alcanza al Gobierno y a la Oposición, que ahora se disfraza otra vez con nuevos nombres, nuevas siglas, como si no fuera con ella. Incluye a los que van de radicales, a los que van de independientes, en cuanto llevan 4 años aprenden todos los trucos para beneficiarse del Estado a costa de los demás.

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Abarca a los sindicatos, incrustados en Bankia, en las Administraciones, en las Grandes Empresas y sus fondos de pensiones… Esas mismas empresas y bancos que son «demasiado grandes para caer», nos dicen, chantajeando al Estado (osea, a los ciudadanos), con nuevas subvenciones, nuevos créditos bancarios (para ellos sí hay «financiación»), porque en caso contrario quiebran, habrá más paro. Y si son medios de comunicación, se echan al monte… Lo veo a diario, lo ve todo el mundo, y ellos hacen como que no lo ven. Lo que no se publica en papel o no se oye o no se ve en las grandes cadenas simplemente no existe. La casta mediática hace de intermediaria ante el pueblo, pero hay 25.000 periodistas en paro y otros 25.000 en precario.

Han matado la gallina de los huevos de oro y ahora van a desplumarla: existen 6.202.700 razones para socializar, nacionalizar o estatalizar la economía, llámenlo como quieran. Ni un solo día más el sufrimiento diario de millones de personas sin horizonte, sin esperanza, sin dinero, sin autoestima, sin la más mínima atención de aquellos a quienes sufragamos sus grandiosos sueldos y bicocas, puestos ahí para solucionar el principal problema que existe: el trabajo. Y el que se deriva de él:  la alimentación, el vestido, la educación, la sanidad. Ahora también la luz, el agua, el teléfono y el gas en el país con los suministros más caros del mundo y ¡que casualidad! donde hay más ex-políticos empleados como directivos de empresas energéticas y de comunicaciones.

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Solo saben pedir tiempo: el 2012, el 2013, ahora el 2014 (cuando el FMI afirma que en España esto es un pozo sin fondo donde la partitocracia y la casta ahogan cualquier tipo de luz al final del túnel), incapaces de poder llevar a las familias apenas 1000 euros con los que alimentarse. Su crueldad es infinita, no tiene límite. Creen que todo el mundo cobra desempleo, cuando las empresas han ideado cien mil vericuetos para evitar las cotizaciones sociales y esclavizar así a los empleados antes de darles la patada. Y el que pueda, si es que puede, con 400 euros a tirar.

Pero eso sí, ellos en el Club de Campo, que para eso es «público», comandados por PSOE e IU, con periodistas famosos y menos famosos, gentes de alta alcurnia que no pagan un chavo por jugar al golf o montar a caballo (porque ellos pasan las mañanas y/o las tardes ociosos haciendo deporte). ¿Cuantos funcionarios tenemos sin trabajar? ¿Cuantos políticos? ¿Cuantos asesores? ¿Cuantas fundaciones, entes, empresas públicas? No se sabe, no hay datos ni los habrá nunca. Los 2 millones de personas que forman la «élite» del país (esa en la que Felipe González se incluye) ha decidido aniquilar a 45 millones de españoles. Hoy son 6.202.700, mañana serán 6.500.000 y así avanzaremos hasta los 7.000.000, nuestro nuevo record nacional, campeones del mundo, «Spain is diferent», «Marca España», etc, etc, etc.

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Pero el problema son ellos: no hay más que darse una vuelta por las Cortes (si es que les dejan acercarse): nuestros «representantes» se han tomado 12 días de vacaciones en plena crisis nacional, les importa un bledo lo que les ocurre a sus compatriotas. Ya no son solo los trabajadores ni los obreros, ni los autónomos, ni las pymes. Son las clases medias en bloque, las clases medias altas incluso. Vivimos una catástrofe nacional donde 3.581 personas diarias «fusiladas» por un drama que el que no lo padece no lo ve. Y nuestros «representantes», ni sus familias, ni sus allegados lo sufren. Y disimulan de maravilla, aunque su teatralidad aburre ya hasta a las ovejas.

Un «tsunami» sería mejor. O un meteorito, como dice el bloguero sevillano: al muerto se le entierra y en paz. Pero quieren que seamos muertos en vida, son incapaces de renunciar al más mínimo privilegio, ni a la clase bussiness, ni a sus comilonas, ni a sus obras innecesarias, ni a sus comisiones. El pueblo más paciente, tenaz, trabajador, honrado, sonriente y humilde de Europa nos lo quieren convertir en lo que ellos son: corruptos, cobardes, agrios y aprovechados. Ganarán porque lo tienen todo: el poder, el dinero, los bancos, los medios de comunicación, la policía, los jueces, las leyes… Pero al menos no se lo pongamos fácil.


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