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Este espía en el Congreso quiere dar las gracias en este post a los 3000 lectores que en apenas 10 días de andadura han ocupado su atención en este blog de información parlamentaria. Esto anima a cualquiera y confirma que había hambre de información parlamentaria fuera de los cánones oficiales. La generosidad de los lectores no ha tenido límite y por ello quería dedicarles estas palabras de agradecimiento. De momento hay muy pocos comentarios, quiero pensar que más debido a la perplejidad que a otra cosa, pero no importa. Mi pseudónimo puede que asuste un poco y que a medida que transcurra el tiempo y se compruebe que no muerdo, algunos se vayan animando a comentar mis textos. La travesía del desierto será larga y tortuosa, pero estas denuncias que aquí plasmo las realizo por mero patriotismo, palabra que no está muy de moda. Simplemente quiero para mi país un futuro algo mejor que el que me he encontrado de sopetón. Y escarbando he encontrado por donde asoman los agujeros de las cañerías del régimen. Espero que mi crítica, aunque sea ruda y con extremada dureza, sirva de ejemplo y muchos más blogueros y periodistas -hoy profesión tan extremadamente degradada– me sigan y ayuden a dignificarla. Los lectores confirman con sus lecturas que sigue siendo necesaria.

El espía en el Congreso, de cuerpo entero.

El espía en el Congreso, de cuerpo entero.

Voy a dar algunas estadísticas de estos 10 primeros días: la jornada más vista tuvo 800 lectores y la que menos 100. Cinco blogs me han enlazado y en Meneame (cuyo botón he incorporado) han entrado 3 noticias mías. La última de ellas, que remite a una fuente externa (la funcionaria de Boadilla que denunció el caso Gurtel) tuvo record de meneos en esta web, pero no gozó de la anuencia de sus rectores, que la relegaron a la segunda página de las noticias pendientes, hasta que alcanzó los 742 meneos y 3800 cliks y ya por fin alcanzó la portada y la octava posición, cuando la suma de ambos criterios debería haberla aupado al primer puesto como la noticia más leída en España en esta web agregadora de información. Pero no importa que los laureles se los lleven otros: el premio siempre será de los lectores.

He recibido también muchos mensajes privados de ánimo y curiosidad, algunos de los cuales preguntan de donde he sacado la imagen que ilustra la cabecera de este blog y de quien se trata. Aprovecho el post para responder, pues nunca veo ocasión para ello: se trata del fragmento de un cuadro del Equipo Crónica (Rafael Solbes y Manolo Valdés) que está colgado en el Senado. Cedo la palabra a Guillermo Solana, director del Thyssen de Madrid, para que la explique. El lienzo se titula «El coloso del miedo»:

«Pertenece a la serie «La parábola», de 1977. El tema de la serie es la represión y el terror del franquismo en la postguerra, plasmado no de manera realista, sino como una fábula. La serie apela a la vez a la memoria emotiva y al sentido crítico del espectador. En consonancia con el ambiente de pesadilla, la gama de color es apagada, a base de ocres, pardos, grises, verdes y negros. La composición, dinámica y asimétrica, se inspira en la pintura del barroco y en el lenguaje cinematográfico».

«A lo largo de toda la serie «La parábola» reaparece un motivo emblemático: La Parábola de los Ciegos de Brueghel. Este leitmotiv se combina con imágenes de la publicidad de postguerra (Sandemans, Polill, Veterano Osborne, Nitrato de Chile…). en este cuadro, el esquema compositivo procede del cuadro de Goya, «El Coloso», donde una multitud despavorida huye ante la presencia de un gigante alegórico. Equipo Crónica sustituye a la multitud por las figuras de Brueghel (con un paisaje de Picasso de Horta de Ebro al fondo) y al Coloso por la imagen (familiar para varias generaciones) del antipolilla Polill, que se convierte en un símbolo del exterminio. Pero el contraste más agudo se da entre la ceguera de la población indefensa y los enormes ojos inquisitivos del Polill, emblema de la vigilancia del Estado policial». (Texto de Guillermo Solana Díez, dentro del libro «El Arte en el Senado», editado por el Senado, Madrid, 1999, pág. 426).


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