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Libro sobre la mafia musical: ”La Jungla de la Ópera”

El tenor Suso Mariategui dejó escritas antes de morir sus reveladoras memorias

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Los tres tenores son retratados en el libro

“El colmo es cuando la mafia artística se conecta con la política, con los gobiernos o el poder. Tengo 2 viejos diccionarios en los que no aparece la palabra mafia. Quizá es que debo renovar mi biblioteca. Porque nunca he sabido el significado exacto del término, aunque siempre lo he sabido utilizar con propiedad y según qué casos. En el mundo y en la jungla de la ópera, mafia es una de las palabras que más se emplean, de las que más se oyen. Todo el mundo quiere pertenecer a alguna mafia para hacer carrera. Aunque esté mal visto”. Así comienza el capítulo de una autobiografía póstuma que amenaza con cimbrear los cimientos de la lírica. Lo escribió el tenor Suso Mariategui, que falleció prematuramente de un infarto a los 69 años. Ahora ve la luz su obra más controvertida y polémica, por donde pasan los españoles Alfredo Kraus, Montserrat Caballé y José Carreras, pero también internacionales como Dermota, Hotter, Kunz, Dieskau, Verrett, Corelli, Siepi, Cappuccilli, Scotto, Cossotto y un largo etcétera. Los estudios de música, la metodología, los conservatorios, la técnica… Todo lo pone en cuestión Suso Mariategui con una ácida pluma y un saludable tono crítico, cuya muerte causó desolación en el mundo de la lírica. De hecho, el volumen recoge los obituarios y necrológicas de críticos, amigos y degustadores como Vela del Campo, Jerónimo Saavedra, Justo Romero, Julio Bravo, Gonzalo Alonso, Juan Cruz, Fernando Delgado o Alberto García Saleh.

Portada del controvertido volumen

Portada del controvertido volumen

Suso Mariategui no dejó títere con cabeza en su póstumo libro de memorias, que apoyándose en sus 38 años de experiencia, ofrece testimonios “reveladores de situaciones desconocidas al otro lado del espejo. El tono del libro es confidencial, sincero, nada correcto políticamente hablando, con un poso de amargura en ocasiones y siempre derrochando un profundo amor por la profesión a la que el autor ha dedicado su existencia”, según su prologuista, el crítico Vela del Campo.

Y sobre la citada mafia se pregunta: “¿Pero existe de verdad en el universo lírico? Sí, amigo lector, estoy seguro que acaba de esbozar una ligera sonrisa. Lo entiendo. Sin ponernos ofensivos ni agresivos, digamos que existen ciertos grupos formados por personajes en los que se escudan los demás. Se dice que tal o cual artista pertenece a la “mafia Karajan”, a la judía, a la Caballé, a la “gay” o a la de Decca, la célebre compañía discográfica. Durante mis más de treinta años en la jungla, cuando mis amigos se veían sin protección ni contratos, siempre echaban de menos no pertenecer a alguna de las mafias, que se han entendido como sinónimo de lanzamiento seguro de carreras. Es también el argumento empleado para cargar contra alguien, al que se acusa de pertenecer a algún grupo. “Ese le puso el culo a fulanito de tal; a ese lo protegen porque un primo suyo paga a la mafia para que lo ayuden en su carrera…”

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Montserrat Caballé

“En cualquier ámbito –teatro, cine, espectáculo, etc.– los grupos, las amistades, los sobornos, los críticos corruptos existen, aunque nada tengan que ver con salir al escenario, abrir la boca y triunfar. ¿Cuánto dura un artista mediocre colocado? Poco tiempo. El paso de los años será siempre testigo de si triunfó por un golpe mafioso o por méritos propios. Es verdad que el chismorreo de los fracasados sustenta ese oscuro mundo de las mafias como forma de justificar una evidente falta de talento. Traduzcamos, pues, mafia por la corrupción en el arte. La gran pregunta que nos hacemos es ¿en qué momento empezamos a emplear la palabra? Quizá, desde que se vendió el primer cuadro, desde que se abrió el primer teatro o desde que el espectáculo es tal, existen los mafiosos y sus prácticas. Quien mejor lo explicó murió hace ya muchos años. Fue William Shakespeare. Repasando sus obras teatrales encontramos una paleta maravillosa de aprendices de mafiosos”.

Alfredo-Kraus

Alfredo Kraus

“Un poco de protección siempre viene bien. “Es la mafia light”. Esta artista tiene buena voz, es amable, guapita y parece buena chica. Se le protege. El chico/a puede ser también algo coqueto/a o, como vulgarmente se dice, una calientapollas. Lo hace con discreción y talento y hace una carrera amable y simpática y poco dañina. El artista cumple y se hace querer hasta que, poco a poco, se cuela en el giro internacional sin que casi nos demos cuenta. Al final, los maliciosos expresan sus dudas: “en realidad, nunca me he explicado el talento de esta soprano o este tenor”. La malicia es un mal que permanece, perenne, entre bambalinas” escribe el tenor fallecido.

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Suso Mariategui

“También se podría hablar de la mafia discográfica. ¿Por qué graba uno y no otro? ¿Quién y por qué decide entre uno y otro? El colmo, no obstante, es cuando la mafia artística se conecta con la política, con los gobiernos o el poder. Prefiero no seguir por esta vía. Por si acaso. Asumo que las mafias seguirán existiendo mientras siga habiendo intereses creados (Jacinto Benavente). Es ley de vida”, confiesa Suso Mariategui en una obra que no dejará impasible a nadie que pueda leerla.

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