Sampedro: “Espía en el Congreso y Mongolia forman parte de la constelación de nuevos medios”

Víctor Sampedro

Víctor Sampedro

Víctor Sampedro, autor del libro El Cuarto Poder en Red. Por un periodismo (de código) libre” (Ed. Icaria) le concede al Espía en el Congreso una entrevista como cierre al repaso semanal que hemos ido desgranando mientras vemos crecer lo que parece ser un nuevo periodismo. Con conocimiento y desparpajo nos ayuda a resumir los puntos que hemos querido destacar de su libro: la mezcla del mercado y la comunicación, la influencia de figuras de ‘hacktivismo’ fuera de España, la transparencia, la regulación, la clandestinidad, la Universidad, el reconocimiento social y el previsible cambio que ya se está produciendo en los modelos de comunicación.

Ley de seguridad ciudadana

La Ley de seguridad ciudadana no se para solo  en la calle

1. “El Cuarto Poder en Red” ha sido el libro que creemos abre el debate sobre los futuros comunicadores y periodistas ¿Está de acuerdo en que hay que abrir ya ese debate o hay que esperar a que lo hagan el mercado o el Estado?

Ante todo, gracias por la atención y reconocimiento que habéis dado al libro. Centrándome en la pregunta, los Mercados y Estados han acabado con el periodismo como contrapoder. Así que, en cierto modo y sin quererlo, abren el debate. Aunque lo plantean de modo equivocado y, por supuesto, interesado. Pretenden seguir su – “business as usual” ( and equal, porque los Mercados han tomado por asalto al Estado). Hacen como si no se hubiese hundido un modelo de negocio periodístico y de hacer política obsoletos. Aquí, pretenden que las instituciones del 78 y los medios que las sostienen no están en bancarrota. A nivel global, los medios estatales son incapaces de abordar los grandes temas (calentamiento global, migraciones, pobreza…) en plena desgobernanza mundial.

Si les dejamos el debate a ellos, seguirán manteniendo la ficción de que aún dominan los mercados de la información y el voto. Los periódicos presionarán para recibir ayudas económicas y fiscales (legales, ilegales o alegales), en lugar de renovarse y a cambio de decapitar directores, jibarizar o purgar redacciones disidentes. Los (que se creen) amos de la comunicación seguirán imponiendo cánones contra la libertad de (re)publicar en la Red. E intoxicarán aún más el debate, olvidándose incluso de los ataques a la libertad de expresión digital (véanse la Ley de Seguridad Ciudadana y el Nuevo Código de Penal). Un suicidio para ellos y un crimen para la democracia. Ni se plantean las razones de su obsolescencia ni defienden la Red que, sí o sí, será el ámbito de negocio y ejercicio profesional. Ya lo es.

Snowden, Manning y Assange

Snowden, Manning y Assange

2.- Assange, Manning y Snowden son los modelos globales del nuevo periodismo que usted intenta exponer con su libro al lector en español ¿Qué modelos “locales” cree que también pueden servir de ejemplo?

No daré nombres. Tendría que citaros a vosotros y van a pensar que os he comprado o que vamos a medias en algo… En serio, ¿por qué no? ¡Basta de complejos y un poquillo de autoestima! Sois unos estrellas. Formáis una constelación de nuevos medios surgidos al calor del 15M. Señaláis la corrupción de los poderes (re)establecidos a la muerte de Franco. Lo hacéis aprovechando el anonimato que os confiere Internet, las redes económicas y de filtraciones que os sostienen. Soberbio, por cierto, vuestro uso de los papeles Blesa. Junto con los de Mongolia, rechazáis el corporativismo y también hincáis el diente en la corrupción periodística.

Estáis publicando información que otros escondieron en el cajón y podéis hacerlo gracias a que alguien la filtró, pensando que debíamos conocerla y hacer algo con ella: denunciarles, perseguirles y hacerles pagar por ello. La rendición de cuentas propia de una democracia, vamos. Los medios del régimen del 78, en cambio, han hecho todo lo posible para apuntalar las vigas podridas. Seguirán disimulando el ruido de las termitas con la fanfarria institucional. Como ocurrió con la entronización de Felipe “el Preparao”. Hasta que se caigan todos, cuando el tenderete acabe por venirse abajo. Pobres habrán sido nuestros éxitos, pero la suya es una derrota en toda regla. Bueno, a lo mejor exagero un pelín. Queda mucha viga que roer y mucho curro por hacer.

Wikileaks

Wikileaks cambió el periodismo tradicional en todo el mundo

3.- “Privacidad para los desposeídos y transparencia para los poderosos”, es el nuevo lema de los nuevos medios. ¿Necesitará una articulación legal que proporcione cobertura a este arriesgado oficio o cuantos menos reglas legales para regular la comunicación será mejor y bastará con que sea la guía o la filosofía en trazo grueso de los nuevos medios?

Con WikiLeaks nadie sostuvo la sandez esa de que “la mejor ley de Prensa es la que no existe“. Ahora resultaba demasiado peligroso que todos nos creyésemos Manning y montásemos nuestros medios de filtraciones. No necesitamos muchas leyes, pero sí algunas para garantizar la libertad de expresión en la esfera pública digital. Señalaría tres. (1) Garantizar la neutralidad de la Red: sólo posible si se blindan la privacidad y el anonimato, ahora inexistentes o muy dañadas. (2) Blindar legalmente a los “soplones” o alertadores. Las empresas privadas ya tienen leyes así para el ámbito económico ¿Por qué será que no se protege a los soplones políticos? Y, por último, (3) promover el acceso y la alfabetización digitales; sobre todo, con herramientas de código libre y encriptación. Son las únicas que garantizan que nuestros dispositivos no hacen lo que no queremos: desnudarnos y blindarles.

Wert - Canon AEDE

Wert: el Canon AEDE será el suicidio y la cicuta de los viejos medios. Y ellos ni lo saben ni se lo imaginan

4.- Libertad de empresa y libertad de prensa: copia, copyright, plagio, hipervínculo o creative commons son nuevos conceptos que se han introducido en el nuevo funcionamiento del viejo oficio. Por otro lado, surge la controversia legal sobre los agregadores de noticias. ¿Es partidario de regular algo o de la libertad dentro de las leyes generales?

No se sostienen las leyes que protegen los modelos moribundos de negocio, máxime si no injustos con los creadores y socialmente. Los derechos de autor e industriales están rebasados por la realidad tecnológica y las prácticas sociales. Hay que replantearlos en el marco de la sociedad del conocimiento libre. Solo una industria que vive de públicos cautivos puede exigir compensación porque se difundan “sus” noticias, la publicidad asociada y la marca del medio. Que encima – como establece la “tasa Google” – vaya más dinero a quien peor lo hace -para los periódicos con más pérdidas-, es un insulto a todos los medios emergentes. El libro entra en debates más profundos y el blog en el que se actualiza ha abordado la tasa Google y la de Cedro. Nacen desfasadas, muertas. Responden a los intereses de una “casta” de gestores de derechos ajenos – los de los creadores y los del publico – que, como ocurrió con la SGAE, sólo se representan a sí mismos y han sido condenados en los tribunales.

Encuesta:

El profesor Víctor Sampedro cree que poco a poco se irán mutando los “periodistas” en “hacktivistas” ¿Qué cree que es la web Espía en el Congreso?

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