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El nuevo embajador americano, James Costos, y su pareja, el diseñador Michael Smith.

El nuevo embajador americano, James Costos, y su pareja, el diseñador Michael Smith.

«Cuando EE UU estuvo en crisis, se produjo una polarización política de la que todavía no nos hemos recuperado. No creo que el ambiente político en España sea peor que el de EE UU. En España no hemos visto tampoco el surgimiento de nuevos partidos políticos que explotan la crisis, como se ha visto en Italia (M5* de Grillo), Holanda (SP y PVV), Francia (FN), incluso en el Reino Unido (UKIP)«, a los que hay que añadir Grecia (Syriza y Amanecer Dorado). Quien así se expresa es el embajador saliente de EE.UU en España, Alan Salomont, que será sustituido por el ejecutivo y activista por la igualdad homosexual, James Costos. Y parece un diagnóstico certero, teniendo en cuenta que procede del máximo responsable de un país a quienes nuestras élites políticas han confiado su destino histórico y económico desde la agonía del general Franco, mientras ellas perpetran uno de los mayores saqueos públicos que haya sufrido un país europeo en el último siglo.

El ex embajador Alan Solomont, y su esposa. Susan Lewis

El ex embajador Alan Solomont, y su esposa. Susan Lewis

El embajador Salomont se va, pero ya con la libertad de no tener ataduras al cargo ha diagnosticado que «el pueblo español se da cuenta de que los problemas que afronta su país no pueden ser resueltos solo por el sector público o el sector privado; se necesita a la sociedad civil. Hemos tratado de explicar cómo nuestro sistema político anima al público a participar. En EE UU, la política no es un deporte de espectadores; los ciudadanos se involucran en la política y en las campañas».

Mayor ataque a la partitocracia y a la casta no cabe, en lo que parece el esbozo de un fracaso personal. Y esto es algo que se viene repitiendo en los sucesivos informes de instituciones independientes como Transparencia Internacional o Acces Info: España carece de sociedad civil y vertebrarla debe ser el primer objetivo para intentar la recuperación económica y cívica. En un nuevo intento por articularla, se ha puesto en marcha otra iniciativa como es la red Senatia, que aunque no ha excluido a las formaciones de la partitocracia, al menos sirve para dar a conocer otras plataformas.

 

 

El problema para EE.UU son las élites españolas porque este diplomático norteamericano desmiente que la sociedad no haya protestado contra los verdugos que la asfixian, sino todo lo contrario: «Las manifestaciones que hemos visto en los últimos tiempos son expresiones de democracia y han sido mayoritariamente pacíficas. Hubo 800.000 personas en la calle el pasado marzo (se refiere al número de manifestantes el 23-F en Madrid), que es el equivalente a que se juntaran cinco millones en EE UU, y es trágico que algunos titulares destacaran los incidentes aislados de vandalismo y violencia cuando la gente tomó la calle mayoritariamente para mostrar su oposición a ciertas políticas del Gobierno, y lo hizo pacíficamente. Las reformas políticas que se necesitan son para facilitar la participación en el sistema político y en la labor de gobierno». De hecho, en el Gobierno, partidos y sindicatos cundió el pánico por el éxito de estas manifestaciones del 25-S primero y del 23-F después, pero la extraordinaria capacidad de convocatoria que tuvieron las Mareas Ciudadanas y el movimiento «Rodea el Congreso» se ha ido diluyendo por su incapacidad para articularse como movimiento político alternativo claramente enfrentado a la «casta».

images Salomont deja su cargo para ser sustituido por James Costos, acreditado profesional de la industria de la imagen en EE.UU y reconocido activista gay. En medios diplomáticos se afirma que con esta decisión de cambiar al embajador, Barack Obama confía en que Costos pueda persuadir a parte de la «casta» española de que debe renunciar s sus privilegios políticos y dar voz a la sociedad civil independiente como una medida no sólo cívica sino también económica.

A Costos le atrae el hecho de que España se haya convertido en el icono homosexual del mundo, lo cual no es algo casual ni ocioso: numerosos barrios de grandes ciudades que estaban degradados social y económicamente han sido levantados por la industria gay, que los ha reconstruido y dinamizado. Y de hecho, numerosas zonas turísticas han hecho de la tolerancia sexual parte de su industria.

En España el ejemplo más palmario es el madrileño barrio de Chueca, antes sumidero de toxicómanos y mafias pero hoy próspera barriada comercial. Antes, este mismo hecho ocurrió en Shoneberg (Berlín), Le Marais (París), Vauxhall (Londres) o Sodermalm (Estocolmo). Además, para los servicios secretos norteamericanos no es ninguna novedad que el propio presidente español, Mariano Rajoy, era un conocido simpatizante gay durante su juventud y soltería, hecho que la sociedad española acepta con normalidad, hasta el punto de que a causa de aquellos devaneos juveniles lo han sacado del armario cinco veces.

El activismo político y civil de Costos quiere servir de ejemplo entre las élites españolas, donde el mimetismo norteamericano es casi proverbial. Pero esta vez no será la ayuda exterior estadounidense sino la reorganización civil interna la que saque a España del profundo hoyo en la que se encuentra. Durante el siglo pasado, en efecto, EE.UU puso en marcha el «Plan Marshall» para ayudar a los españoles e infiltrarse en el régimen de Franco, pero hoy sus analistas oficiales piensan que que ni siquiera dinamitando una sucesión como la de Franco en Carrero Blanco podría facilitarse una evolución de la partitocracia, que ahora agoniza. El nuevo embajador trae instrucciones muy precisas sobre como intentar que la extrema codicia y abuso que la casta produce sobre la ignorancia de su propio pueblo no arruine solo a su propio país, sino que arrastre además al resto de las economías europeas y por efecto provoque también el colapso en Estados Unidos. Por eso si el cineasta Luis García Berlanga hizo entonces la película «Bienvenido Mr. Marshall» para ilustrar cómicamente la situación, hoy sólo tenemos a Almodóvar para filmar su secuela: «Bienvenidos, Mr. and Ms. Costos».

La entrevista con el embajador Alan Salomont pinchando aquí.

El perfil del nuevo embajador James Costos, pinchando aquí.


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