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El ministro de Asuntos Exteriores de Kazajistán, Erlan Idrissov, estuvo de viaje oficial en España. El lunes 13 de mayo visitó el Congreso y el Senado, aunque aquí solo fue recibido por el presidente de la Cámara Alta. También vio al rey Juan Carlos y al ministro de Exteriores, García Margallo. El Instituto Elcano, órgano oficioso de la monarquía española sufragado con cuantiosos fondos públicos, también hizo de anfitrión de Idrissov para que impartiera una conferencia. El mismo Instituto Elcano que, a espaldas de su invitado, obsequia a Kazajistán con una cadena de improperios: «corrupción», «estratificación social en clanes» y un país «sin una auténtica democracia». «Cree el ladrón que todos son de su misma condición», dice unviejo aforismo español, porque pareciera que hablara de España, pero la mayor diferencia con Kazajistán  no son los clanes (aquí se llama «partidocracia» o «casta») ni la corrupción (aquí también somos campeones del mundo): en Kazajistán los denostados gestores que el Instituto Elcano desprecia poseen una tasa de paro del 5,4%, por el 27% con que nuestros acreditados próceres administran nuestra economía, hundida por el saqueo permanente de unos y otros.

El canciller kazajo y el rey. El Instituto Elcano se permite acusar de corrupción al primero para defender al segundo.

El canciller kazajo y el rey. El monárquico Instituto Elcano se permite acusar de corrupción al primero para servir de altavoz al segundo.

El Instituto Elcano ya advirtió que «se puede señalar la corrupción como práctica habitual muy extendida en Kazajistan, de manera que ya instalada en la cultura política, pocos la ponen en duda y muchos la justifican como mal menor necesario para que el sistema –como lo describió David Easton– no estalle».

«Muy unido a la corrupción está la cuestión de la estratificación social en clanes, aspecto este al que no se le suele prestar mucha atención pero que es a todas luces esencial, ya que la vida política de estos países no se articula sobre la base de partidos políticos de estilo occidental sino sobre la base de organizaciones informales de origen clánico. Estos dos últimos elementos –la corrupción y el peso de los clanes– son los que más dificultan el establecimiento de una auténtica democracia en esta región», concluye el «think tank» español más oficial, faro y guía de nuestra política exterior e interior.

La paja en el ojo ajeno impide ver la viga en el propio al principal instituto que asesora a sus señorías cuando, de ser cierta su afirmación, ambos países se asemejarían como dos gotas de agua, aunque la ventaja comparativa es de los kazajos gracias a ese escaso 5,4% de desempleo. Ellos se desmembraron de la Unión Soviética, reconstruyeron su país y lo han hecho próspero con su moneda propia, el tenge kazajo, que cotiza a casi medio euro por cada 100.

Margallo recibe al ministro de Exteriores kazajo. Nuestra diplomacia denigra antes a quien recibe después a bombo y platillo. ¿Resulta eso eficaz? ¿Favorece el empleo o la economía?

Margallo recibe al ministro de Exteriores kazajo. Nuestra diplomacia denigra antes a quien recibe después a bombo y platillo. ¿Resulta eso eficaz? ¿Favorece el empleo o la economía nacional?

Aquí en España prosiguen las mismas castas de poder que en el régimen franquista, a las que se añaden nuevas hornadas de socialistas de Felipe González y comunistas de Santiago Carrillo, que por arte de birlibirloque se hicieron monárquicos de la noche a la mañana para poder vivir del dinero del Estado, es decir, de los ciudadanos. Lo único que se desmanteló fue la peseta y la industria nacional, pues se creó la boyante profesión de «político» (hasta cinco administraciones solapadas tiene España) y alrededor de ellos gira la economía nacional. Así nos va: 6,2 millones de parados, creciendo hasta el infinito y mas allá. Comparado con España, Kazajistán es un paraíso.

Eso sí, los políticos españoles presumen con la boca llena de ser una «auténtica democracia», aunque no existe división de poderes, representatividad de los cargos públicos ni legitimidad electoral. Y se haya desvirtuado hasta la exageración la sagrada ley que designa un voto por persona a causa de una ley electoral fraudulenta que multiplica hasta por tres el voto de unos territorios frente a otros. Sí fuera verdad que Kazajistán es un nido de corrupción gestionado por clanes se evidenciaría que sus responsables públicos poseen bastante más moralidad y honradez que los políticos españoles. Los nuestros están masacrando a su pueblo a razón de 3.500 despidos diarios, arrebatándoles sus casas en connivencia con los bancos, lastrando su economía con sus arbitrarias subvenciones, sus innecesarias compras y obras públicas y sus  suntuosos gastos y sueldos personales, al tiempo que condenan a nuestros hijos y a sus padres a un lúgubre futuro sin trabajo y sin esperanza.

Vea el informe del Instituto Elcano sobre Kazajistán pinchando aquí.

Nos pintan Kazajistán con cuernos y rabo, pero es un país más próspero, moral y laborioso que el que han construido las castas españolas con su corrupción generalizada.

Nos pintan Kazajistán con cuernos y rabo, pero es un país más próspero, moral y laborioso que el que han construido las castas españolas con su corrupción generalizada. La imagen muestra Astana, su capital

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