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«Se levanta la sesión», dijo el presidente Jesús Posada. El Congreso de los Diputados cerró hoy 24 de abril sus puertas y no las abrirá de nuevo hasta el día 7 de mayo. Las vacaciones coinciden con el próximo 1 de mayo, Fiesta del Trabajo, aunque este «puente» parlamentario es uno de los más largos que se recuerdan: 12 días.

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Para evitar las posibles incidencias que puedan suscitarse con la jornada de protesta del 25-A convocada por la Plataforma en Pié bajo el eslogan «Asedia el Congreso», sus señorías han decidido tomarse unas largas vacaciones. Tampoco trabajarán mañana jueves. Esta mañana se les veía y oía haciendo planes: unos irán a la playa, otros a la montaña, donde casi todos tienen segundas residencias. Otra buena parte va a aprovechar para irse al extranjero, donde son menos conocidos incluso que en España, para disfrutar de una privacidad que a unos pocos de ellos les han birlado los «escraches».

Para colmo, hoy tampoco han acudido todos al pleno, por lo que muchos han comenzado sus vacaciones a primera hora del día de hoy. En cuanto concluyó la sesión de control al Gobierno, con la comparecencia de Mariano Rajoy, (y en la que ya se percibieron bastantes ausencias), la mayoría hizo «mutis por el foro». Cuando concluyó la sesión, poco antes de las 13.00 horas, ya solo estaban escuchando la interpelación al ministro Alberto Ruiz Gallardón un total de 50 diputados. Los parlamentarios se aprovechan de que las interpelaciones no hay que votarlas, y por lo tanto no se pasa lista. Así que 300 de los 350 parlamentarios aprovecharon para irse antes a casa y dejaron «in albis» a los ministros Ana Pastor, Cristóbal Montoro y el citado Gallardón. Era tétrico comprobar como ni siquiera se producían los tradicionales aplausos de los diputados «figurantes» o «culiparlantes», que completan el «atrezzo» cada vez que concluyen las intervenciones en el atril de oradores y solo el ministro de Justicia arrancó algunos a manos de sus féminas más incondicionales. No se aguantan ya ni a sí mismos.

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La indignación entre los periodistas parlamentarios era aplastante al ver el poco edificante espectáculo. A los diputados les importa poco que haya testigos de sus fechorías, «pellas», absentismos y «puentes». El ritual se ha hecho tan cotidiano que ya ni se publica. Y mientras ya más de 6 millones de parados aguardan a que el Gobierno pueda crear alguna política activa de empleo que al menos genere esperanzas o sueldos aún precarios, sus gestores públicos y «representantes» se van de vacaciones 12 días, algo que ninguna pequeña, mediana o gran empresa se puede permitir, tampoco ningún autónomo. El ejemplo será secundado a buen seguro en el resto de las administraciones públicas que pagamos entre todos ¡Que les aproveche, algún día lo pagarán o tendrán que devolverlo!


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