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Hace poco anoté en un post la declaración de Mariano Rajoy insinuando, por boca de asno, que en España no hay democracia por culpa de la crisis económica. Lo que ocultó fue que la crisis económica procede de una crisis política que ha degenerado en un régimen partitocrático y de oligarquías conocido como «la casta», cuyos privilegios y arbitrariedades impiden cualquier atisbo de desarrollo económico. Me comentan algunos lectores, blogueros y colegas periodistas que, en cambio, Felipe González sí ha reconocido que la crisis es «institucional y política» porque «las élites» (se refiere a la casta) «han dejado de existir» (claro, están denunciadas por corrupción generalizada y las escrachan). Los dos han dado en el clavo porque los dos forman parte de las «élites» (o casta) que han creado el problema. Las víctimas somos los ciudadanos de a pié, las clases medias y trabajadoras y los ya más de 6 millones de parados (atentos a la EPA de este jueves 25 de abril) que deben perder toda esperanza al menos para 2013, 2014 y 2015, según nos dice el FMI.

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Para Rajoy la solución es pagar las deudas (pero él pide más y más dinero para su casta, hipotecando a las dos o tres próximas generaciones, que se lo harán pagar caro) y Felipe advierte de la «anarquía disolvente» y el «momento oscuro» que se está configurando como alternativa. Pero ¿existe peor «momento oscuro» que perder el trabajo y la casa? ¿no es un «momento oscuro» pasar hambre (como en la postguerra), quedarte sin empleo y sin esperanza o que te corten la luz? (él y Aznar son consejeros de las empresas energéticas que nos asfixian) ¿A las víctimas las quiere hacer culpables de «anarquía disolvente» por buscar una alternativa para simplemente poder trabajar, comer y vivir aunque sea precariamente? ¿No estará Felipe González metiendo miedo para que nos quedemos quietos perpetuando sus privilegios y fechorías? ¿No es eso lo que ha hecho la partitocracia hasta ahora?

Rajoy se va a cargar la economía de libre mercado (el capitalismo que decía Marx) porque está demostrando que carece de rostro humano. Lo va a convertir en un magro paréntesis en nuestra historia. Un sistema que crea una casta (o «élite») a costa de que los demás la sufraguen con su trabajo precario, su desempleo permanente o su emigración como única salida, es un sistema abominable. Y por eso están siendo economistas neoliberales, como Roberto Centeno o Luis Riestra, los que para defender en España la credibilidad del libre mercado y el capitalismo no tienen más remedio que esgrimir los tres mantras que lo hagan defendible en la calle: transparencia, reparación y confiscación de los bienes de todos aquellos gestores que hayan hecho fortuna con sueldos o subvenciones públicas (políticos, sindicalistas, catedráticos, banqueros, etc…) y no puedan justificar su origen o este sea espúreo. Han arruinado a un país y deben pagarlo.


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