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Los debates en el Congreso hablan de todo menos del desempleo. Se preocupan por introducir un «pinganillo» para traducir las lenguas cooficiales en el hemiciclo, de sus subvenciones a empresas públicas y privadas «zombies», de sus autonomías quebradas, de sus bancos arruinados y fraudulentos, de que a sus familiares no les falte trabajo ni a sus amigos el sustento. Y ahora han inaugurado dos nuevos ascensores en el pasillo del Congreso porque aquí no hay crisis ¡Viva la Pepa!. En lo único en que no han reparado es que han elegido una estética tétrica y mortuoria que parece que va a guiar a sus señorías hacia el mismísimo infierno.

Hemos caído en manos de una mafia y desalojarla y obligar a que paguen por sus delitos y su enriquecimiento ilícito va a requerir mucho esfuerzo, inteligencia y unidad en la sociedad civil que es víctima de sus abusos. Porque mientras tanto, ellos deambulan cómodamente por el Congreso en sus flamantes ascensores funerarios.

El Congreso estrena ascensores desde el hemiciclo. Sus señorías no reparan en gastos ni para ir... al infierno.

El Congreso estrena ascensores desde el hemiciclo. Sus señorías no reparan en gastos ni para ir… al infierno.

 


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