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LOS FUNCIONARIOS DE DINAMARCA PUEDEN SER DESPEDIDOS CON TRES MESES DE PREAVISO PERO SON MÁS ESTABLES QUE LOS POLÍTICOS

El descontrol de la función pública en España no hay más que verla si uno se asoma a cualquier administración o posee familiares o amigos que la ejercen y le cuentan. Hace poco vi un programa de Jordi Evole donde un funcionario diplomático de la embajada danesa en España relataba como en su país los funcionarios pueden ser despedidos con un preaviso de tres meses, pero eso no los precariza ni los hace más vulnerables, porque son más estables que los políticos: la administración no cambia sus cargos con el cambio de signo ideológico.

Federico Trillo (PP), diplomático por la cara en Londres

Federico Trillo (PP), diplomático por la cara en Londres

Los funcionarios de la embajada de Dinamarca en España cobran 120 euros por hora a quienes les consultan. Si no cumplen objetivos de ingresos les recortan gastos. “A los funcionarios en Dinamarca nos pueden echar con 3 meses de aviso. Se accede por concurso de méritos, no hay oposiciones. Tampoco hay políticos, somos todos profesionales de la diplomacia. No cambian los funcionarios con el cambio político y tenemos una Ley de Transparencia que nos obliga a publicar nuestros gastos a cargo del contribuyente”, señala un administrativo danés.

“En este momento no sabemos cuantos funcionarios tenemos, cuantos edificios tenemos y quien está haciendo exactamente qué”, se queja en el reportaje televisivo el ministro de Exteriores, García Margallo. Para este departamento, la crisis es relativa: 129 embajadas y 92 consulados que los empresarios españoles radicados fuera aseguran que no sirven para nada. Y un ejemplo: la nueva residencia del embajador español en Rabat ha costado 6,4 millones de euros y se construyó en 2011, en plena crisis.

Además, los políticos acceden a la diplomacia por la cara: es el caso de Federico Trillo (PP) y Joan Clos (PSOE). Fernando Perpiñá (ex embajador en Alemania) defendió “la dignidad del Estado y de España” con estas opulencias y arbitrariedades, hasta el punto de justificar las juergas en la embajada de España en Polonia a propósito del ultimo campeonato europeo de fútbol. Y además de juerguistas son muy cobardes: también se contó como el embajador español huyó de Libia cuando estalló la guerra civil, dejando en la legación solo un policía y un funcionario para atender a los españoles. Los que vivían allí lograron escapar en un avión de Repsol por gestiones particulares, mientras otras embajadas sí evacuaron a sus compatriotas.

Joan Clos (PSOE), embajador en Turquía y Azerbayán por el morro.

Joan Clos (PSOE), embajador en Turquía y Azerbayán por el morro.

España se gasta 43 millones de euros en mantenimiento y suministros de sus embajadas, posee 8 sedes en París y solo ha cerrado 3: en Yemen, Siria y Zimbaue. La de Berlin cuesta cada año 293.000 euros, el Vaticano 390.000, Washington 500.000. En banderas y mástiles se gastan anualmente 115.000 euros y en cuberterías 300.000, según se detalló en el citado programa de “Salvados”.


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