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Confesiones de un diplomático de Asuntos Exteriores: “se pueden robar millones, pero no céntimos”

La embajada española en Rabat desatiende a los empresarios españoles en Marruecos, los diplomáticos españoles en Senegal no tienen preparación, no se mezclan con el país, no saben como funciona, solo conocen fiestas, playas, etc. Las oficinas comerciales de las embajadas carecen de preparación e interés y los españoles que usan sus servicios las definen como “el cuerpo pretoriano del Ibex 35”. En Argentina solo defienden a Repsol: “actúan solo cuando se mueven intereses importantes. Falla el modelo”, ha denunciado un emprendedor radicado allí en el programa “Salvados” de Jordi Evole.

Margallo no sabe ni cuantos funcionarios y diplomáticos cobran del contribuyente. ¿Extraña que España esté quebrada?

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El trabajo diario de los diplomáticos que pagamos todos es muy aburrido, dicen ellos mismos: Melitón Cardona, ex embajador en Dinamarca, asegura que deben ir a “100 cócteles al año”. Él confiesa que en esos cócteles deben quitar los ceniceros de plata “porque se los llevan”, así es la tropa diplomática y su fauna adyacente. El ecosistema diplomático, funcionarios que paga el contribuyente para teóricamente servirle, está compuesto por “agregados comerciales, de turismo, culturales, militares. Y además no hay ministerio que se precie que no tenga una delegación exterior”.

Al final el diplomático hace un “trabajo administrativo y de relaciones públicas”, además de servicios especiales, según Cardona: “Untar al que proporciona la gasolina en Afganistán, darle coñac al funcionario del aeropuerto para pasar la valija. Lo hace todo el mundo”. Tampoco usan el correo electrónico: “El diplomático prefiere no teclear sino dictar. Entre las nuevas generaciones no estoy muy seguro que ocurra, pero sí entre los funcionarios de manguito. Hay diplomáticos con faltas de ortografía que no hubieran superado el bachiller. Y el caso contrario: sé de uno que sabía chino pero cuando pidió ir a Pekín el puesto se lo dieron a otro porque era más antiguo”.

Las dinastías diplomáticas se reproducen por apellidos: Cárcer, Acebo… La gran ventaja reside en pertenecer a un partido: “y los que no militamos, o tenemos un amigo o adiós”, se queja Cardona. El descontrol es también presupuestario, aunque se disfraza de forma curiosa “Se pueden robar millones, pero no céntimos. Con los céntimos cuidado. Y a veces cobrar 37 céntimos cuesta 3 euros pero da igual”.


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