El subconsciente de Rajoy se revela en un trabalenguas: cree que no será reelegido pero espera una sorpresa

Mariano Rajoy usó una analogía, en forma de trabalenguas, durante su última comparecencia en el pleno del Congreso. Se comparó con un primer ministro sueco socialdemócrata, Goran Person para insinuar que seguirá metiendo mano en la cartera de los ciudadanos y recortará todo menos el gasto superfluo de la administración, aunque no baje el paro. En Japón llevan 25 años así y se alarmaron mucho cuando su desempleo subió hasta el 5,7% (aquí tenemos el 26%, la verguenza del mundo civilizado y emergente y el sufrimiento ciudadano diario). Pero si en las elecciones europeas de 2014 el PP no recibe un serio varapalo y en las municipales y autonómicas de 2015 sigue vivo, Rajoy piensa presentarse en 2016 para ver si suena la flauta. Como hizo Goran Person.

Goran Person

Goran Person

La mayor parte de las veces, los políticos son así: se enredan en trabalenguas solo para entendidos y hay que interpretarlos, como los jeroglíficos de los faraones. Yo llevo mucho tiempo haciéndolo y he adquirido esta práctica: leer debajo de las palabras, pues los políticos ya saben que no pueden morir a manos de un titular y se mueven en el terreno de las ambigüedades, las metáforas o las metonimias.

En este caso fue una analogía. En román paladino, seguirá el aceite de ricino para el ciudadano en 2013 y 2014, recortando en profesores, sanidad y servicios sociales, pero manteniendo autonomías quebradas, empresas públicas y privadas “zombies” y periódicos arruinados pero con influencia. Por eso no habrá nunca control externo del gasto, reformas institucionales para ejercer la división de poderes o transparencia pública. Eso que lo hagan los escraches o las mareas, ellos nunca. Y en esto, el PP posee el apoyo cerrado del PSOE, los sindicatos y el resto de la partitocracia. Parece claro que la austeridad no irá con ellos nunca. O el ciudadano se organiza por su cuenta con alternativas inclusivas y unitarias, o el miedo a lo desconocido unirá a todos los partidos y centrales dependientes del Estado para preservar sus privilegios.

Mariano Rajoy

Mariano Rajoy

Recortar el déficit está muy bien, pagar las deudas aún más –quien paga, descansa, dice un viejo aforismo español– pero el problema es que los paganos vamos a ser los honrados, mientras los chorizos se van de rositas. Los dos bancos saneados (Santander y BBVA) van a tener que sufragar las deudas de los demás, en el banco malo y en el crédito ruinoso. Y los directivos de las cajas y bancos quebrados no responderán jamás de sus fechorías. Los malos solo pierden en las películas.

Oigamos a Rajoy por boca de asno (en este caso, Person): “Si un país gasta más de lo que gana deja de ser soberano porque depende de sus deudores, y si no es soberano sus ciudadanos no deciden su destino y ya no es demócrata, y si no es demócrata tampoco puede ser social. Algo más: Keynes no dijo nunca que las deudas no hay que devolverlas; no se puede ser keynesiano solo para gastar, sin devolver lo gastado. Otra más: Un país que debe esa barbaridad de dinero ni es soberano ni tiene democracia que valga, porque no es dueño de sí mismo. Y otra más: ¿qué hacer, le preguntaron a Göran Persson —no a mí—, qué hacer?. Escuchen su respuesta, tiene interés, créanme que tiene interés. Le preguntan: ¿qué hacer? Recortar esa deuda que nos humillaba y no nos permitía vivir. Para lograrlo, decía Persson, tenía dos caminos —fíjense lo que decía Persson, escuchen—: Hacer lo que debía y no ser reelegido —¿han oído? o no hacer nada y no ser reelegido pero además perjudicar a mi país. Lo que pasó lo saben ustedes, Persson hizo lo que debía y fue reelegido”.

Estas palabras las pronunció Rajoy el 10 de abril en el Congreso. Veinte días antes, el 20 de marzo, las daba a conocer “La Vanguardia” en entrevista a Goran Persson en su contraportada, reproducida luego por otros medios. Ya le ocurrió cuando fue elegido por sorpresa por el dedo de Aznar, frente a Rato, Mayor Oreja o Acebes, y la suerte puede repetirse. La analogía debió gustarle a Rajoy y a buen entendedor…

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