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España solo pide a Europa que “no la maltraten”

Pleno en el Congreso sobre la última cumbre europea. Apenas interesa a la prensa, ni a los propios diputados, que hablan por sus móviles o se cuentan chascarrillos de espaldas al orador. Uno se da perfecta cuenta de que Rajoy está usando el mismo tono que en el foro de la Europa de los 27 que lidera Merkel. Oigámoslo.

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“No pedimos privilegios solo pedimos que no nos maltraten”; “vamos a pagar nuestras deudas” (esto último lo repitió varias veces: o bien pide más dinero o bien inquieta al gran prestamista Draghi); “nos permitieron un déficit del 6,3% cuando nos correspondía un 4,5%” (insinúa que también gracias a él en 2013 Bruselas también les levantará algo la mano)…

Y luego la realidad española: España ha pedido un préstamo de 40.000 millones con 10 años de carencia y al 0,5% de interés. Como a Chipre le han prestado el 60% del PIB, Rajoy intenta explicar que a España podrían concederle, si lo necesitara, hasta 600.000 millones (que es su 60%), pero esto último lo dice sin mucha convicción. Más seguro está de que ya hay autonomías españolas que no pueden acudir a financiarse al mercado porque están quebradas, pero él les presta el dinero que nadie les da para pagar a sus funcionarios y sus enormes gastos.

De la oposición, solo destacar a Rubalcaba enarbolando la pancarta de las subvenciones y del “que hay de lo mío”, con el patetismo de quien defiende solo a sindicatos y funcionarios. Y al diputado de “Compromís” que le muestra a Rajoy, desde la tribuna, la ignominiosa pantalla de plasma con su última comparecencia sin preguntas ante la prensa.

En las réplicas, Rajoy habla de la “agenda oculta” de la Unión Europea y confiesa ante sus señorías que “no les digo ni que sí, ni que no” exista. Se ve que le encanta ir de oculta, pero ya nadie apenas le hace caso en el hemiciclo. También realiza uno de sus conocidos juegos de palabras para dar a entender que a veces “hay que hacer lo que se debe y no ser reelegido” para llevarse la sorpresa de que lo reeligen sin que se lo espere. Al fin y al cabo así ha sido su vida. Todo eso está muy bien, pero no hubo ni una sola palabra ayer en el Congreso para los 6 millones de parados, un drama de caracteres bíblicos y un ejemplo mundial de incompetencia. Y no debería existir ni un solo discurso, ni un solo orador, que no se avergonzara desde la tribuna de su situación privilegiada frente a los que supuestamente representa. ¿Entienden ahora el grito de “No nos representan” que cruza toda España?

 


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