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«¡Presidente, mándalos callar!», se oyó decir a la vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos (PP). Pero no hizo falta: el diputado socialista Manuel Chaves, dio un sonoro y amenazante palmetazo en el escaño de su compañera catalana Esperanca Esteve, y la mandó callar, cosa que ésta hizo. El gesto violento de Chaves amedrentó también al guipuzcoano Odón Elorza, a la almeriense Consuelo Rumí, al granadino José Martínez Olmos y el tarraconense Joan Ruiz i Carbonell. Estos son los únicos socialistas que aplaudieron a los ciudadanos que protestaban. Su gesto puede costarles caro, aunque solo fueron 5 de 110. El PP señala además al diputado que ha sido ponente en el debate de las preferentes, Antonio Hurtado, por haber facilitado el acceso de los ciudadanos al hemiciclo, aunque este es un derecho legal que les asiste a todos. Tras los deshaucios, esta es la segunda vez que se produce una protesta en la cámara durante esta legislatura.

Momento en que los 5 diputados del PSOE aplauden. Dos de ellos rectificaron en los pasillos.

Momento en que los 5 diputados del PSOE aplauden. Dos de ellos rectificaron en los pasillos.

El incidente reveló además otra trampa: la mayoría de los diputados no asisten a los debates y se esfuman al bar contiguo o al despacho. En concreto, solo estaban presentes en esta zona del hemiciclo 12 diputados del PSOE, pero al aplaudir 5 de ellos pareció que el apoyo era mayoritario en la bancada socialista.

Curiosamente, entre los que aparecieron como esfinges estaban la catalana Carme Chacon, que no aplaudió, y el manchego Jose María Barreda, que tampoco lo hizo. Cuando era ministra de Vivienda, Chacón se jactó de acelerar los desahucios con seis juzgados más, aunque ahora dice que fue «un error». Barreda fue presidente de Castilla la Mancha cuando estalló el escándalo de quiebra y corrupción en Caja Castilla la Mancha (CCM) y la construcción del aeropuerto de Ciudad Real, 1000 millones de euros tirados a la basura. El PP lo señaló siempre como la cabeza de la corrupción en su comunidad.


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