¿Quién soy?

Soy corresponsal parlamentario y trabajo en el Parlamento de uno de los países más corruptos de Europa. Es mi propósito contarles simplemente lo que veo y oigo aquí, pues a menudo no lo encuentro reflejado en los medios de comunicación. ¿Por qué? Probablemente porque junto a la “clase” política anida también esta otra “clase” dependiente de ella que debe agradecer con silencios y loas las migajas que se desprenden del mantel para no caer en la indigencia económica. Ya lo dijo Larra y poco ha cambiado: en España una cosa es lo que se dice, otra lo que se escribe y otra lo que sale publicado. Lo llaman partitocracia y a sus integrantes los denominan “la casta”. Sin mi anonimato como “espía en el Congreso” no podría mirar a través del ojo de la cerradura y aún así cada mañana, cuando acudo a las Cortes, me dan arcadas y debo aguantar el tipo para no vomitar: España está en llamas con seis millones de parados, suicidios ocultados, protestas generalizadas, expropiaciones hipotecarias, estafas bancarias a ancianos, corrupción dominando el poder… Y toda la clase dirigente sin excepción, junto a sus familiares y amigos más allegados, retribuida y subvencionada íntegramente por el pueblo, se sonríe y se saluda educadamente, cumple con pulcritud su ritual mediático y se limita a tocar la lira, como en los mejores tiempos de Nerón. Nuestros mayordomos, a quienes pagamos generosamente, se nos han rebelado, se han hecho con la caja y con las llaves de la casa y tras sisarnos o robarnos descaradamente, ahora pretenden quedarse hasta con la vivienda. Pasen y vean…

 

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